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diseño de Susana Escarabajal Magaña

sábado, 31 de diciembre de 2011

Hoy cumplo años. Mañana cumpliré sueños

Tal como prometí, hoy os deseo una noche mágica y una feliz entrada en el año nuevo.  Pedid vuestros deseos, amad y creed, y 2012 será El Año De Los Sueños Cumplidos.
SUERTE!!!


© Bea Magaña. (Reservados todos los derechos)

El camino antes recorrido (III)

"Las Drin Mazome eran educadas desde su infancia en las costumbres y en las Leyes de su raza, y empezaban a ser adiestradas en el manejo de las armas cuando cumplían los diez años de edad. Puesto que elegían a los mejores hombres para que ejercieran de Semillas, las niñas nacían colmadas de dones de la Naturaleza, y todas ellas crecían altas y fuertes, hermosas de una manera agreste, inteligentes e independientes. No tenían padres, y sus madres eran compañeras en la caza y en la lucha, al igual que sus hermanas. Se creaban entre ellas unos lazos de camaradería indestructibles y no dependían de una familia del modo tradicional. Una Mazome era parte de todas las demás, constituían una gran familia, y ninguna se sentía jamás sola o desamparada. Aprendían rápidamente el valor de la vida y la importancia de defender a la comunidad, aceptaban la muerte como algo inevitable y veían a los hombres como enemigos. Morir en la batalla era considerado un honor y un símbolo de valentía y de fuerza, pero todas ellas iban a luchar y a sobrevivir, pues el honor más grande era la victoria. Loa Machos no eran hombres para ellas; para las más jóvenes, eran instrumentos de juego. Antes de su primera clase de entrenamiento con armas de madera, todas las niñas habían practicado la lucha cuerpo a cuerpo con los esclavos, quienes oponían resistencia pero siempre acababan siendo derrotados y maltratados por las futuras guerreras. A los doce años, cuando la Madre las bendecía con el don de la sangre, empuñaban su primera espada de verdad y sacrificaban a un varón recién nacido. A los quince salían por primera vez de la aldea y efectuaban su primera vigilancia. Antes de los diecisiete, la mayoría había participado en alguna pequeña escaramuza, bien contra los Elfos Oscuros, bien atacando a alguna caravana o secuestrando a algún viajero solitario. Cuando cumplían diecisiete años, eran llamadas por la Tiara para entrar en la Casa de la Germinación. No había ninguna Drin Mazome de veinte años que no hubiera dado a luz por lo menos una vez.
    Las guerreras solitarias no frecuentaban las zonas civilizadas de Samura Dalnu. Se decía que hacía mucho tiempo habían viajado a las ciudades en busca de hombres para preservar su continuidad, pero la Ley era diferente cuando Dayna alcanzó su edad fértil. Ya no estaba permitido por la Ley que una guerrera concibiera fuera de la Casa de la Germinación. Cuando escaseaban los Semilla, salían a secuestrar otros. Algunas mujeres alumbraban varones que más tarde eran elegidos por la Tiara y criados en la aldea como futuros Semilla. Los varones que nacían con alguna tara eran sacrificados. Tal vez porque odiaban a todos los hombres, o porque aún recordaban a los suyos, las Drin Mazome no consentían que las suyas amaran a ninguno. Sólo aceptaban una clase de amor, y era el amor por la familia, el amor por sus hermanas, el amor por el que cualquiera de ellas estaría dispuesta a morir si con su muerte podía salvar a sus compañeras.
   Dayna había quebrantado esta Ley. A la edad de diecisiete años, le había perdonado la vida a un hombre, se había enamorado de él y había concebido un hijo que no debería haber llegado a nacer. Veintidós años más tarde, aún recordaba a aquel hombre con afecto. Ni la vergüenza ni el desprecio de sus hermanas habían apagado la llama que ardía en su corazón desde el momento en que le vio por primera vez.
   No había sido una niña rebelde ni desobediente. Su espíritu guerrero la había llevado a ser una de las mejores, había demostrado valor y decisión y pronto se había ganado el respeto de la Tiara, así como el de las guerreras veteranas. Pero su espíritu aventurero la había traicionado. Hechizada por las historias antiguas y llena de curiosidad insatisfecha, se había aventurado por caminos prohibidos y había abandonado los límites de Drinveld Meara sin autorización ni conocimiento de sus hermanas. Había espiado a los hombres de los pueblos vecinos, acaso buscando en ellos algún rasgo de su antepasados desaparecidos. Había sentido compasión por los esclavos que vivían como animales en su aldea. Había sentido fascinación por los hombres libres que recorrían los caminos. Había entrado en las ciudades y había observado a las mujeres que allí vivían, mujeres tan distintas a las Mazome, con sus extrañas vestimentas y costumbres que al principio indignaron a aquella muchacha acostumbrada a maltratar a los hombres y a esclavizarlos. En las ciudades, los hombres y las mujeres paseaban por las calles cogidos del brazo, los hombres ordenaban y las mujeres obedecían, ellas eran débiles y llevaban con orgullo a sus hijos varones entre sus brazos. Muchos hombres portaban armas, mas no vio en manos de una mujer nada más amenazador que un cuchillo de cocina. Envuelta en una capa robada para ocultar su identidad, pues era fácil reconocer a una mujer salvaje por su indumentaria, observaba y se maravillaba de lo que veía, y regresaba a su aldea y no revelaba a ninguna de su hermanas lo que sus continuas escapadas le hacían sentir.
    Fue por la noche, en una ciudad llamada Burgodûr, varios hombres la reconocieron y trataron de capturarla. Echó a correr a través de callejas oscuras, sintió miedo por primera vez en su vida, pues había oído terribles historias acerca de lo que los Samurii Männar hacían con las Mazome adolescentes, corrió a ciegas durante lo que le parecieron horas buscando la salida de la ciudad. Se abrió una puerta, una sombra se cruzó con ella, ahogó un grito y no fue capaz de oponer resistencia cuando el hombre la atrajo hacia sí, le cubrió la boca con una mano y la arrastró hasta un rincón sumido en la oscuridad.
   Dayna nunca había estado tan cerca de un hombre. Había luchado cuerpo a cuerpo con los esclavos, pero el contacto con sus cuerpos jamás le había provocado un estremecimiento, nada comparable a lo que sentía de pronto, atrapada entre la pared y el abrazo de ese desconocido. Su naturaleza la impelía a luchar contra él, a apartarle a golpes, a romperle los brazos con los que la sujetaba. Pero un instinto desconocido la mantenía inmóvil, pegada a su cuerpo, olvidada su condición, deseosa de prolongar aquel contacto que le resultaba cálido y algo más, algo que no sabía explicarse a sí misma, porque nunca antes había sentido nada parecido. Quiso decirle algo, y no supo qué decirle. Sus labios se movieron bajo la mano de él, y por unos segundos probaron su sabor, salado y metálico, en una especie de beso que no había pretendido darle.
    —No hagas ruido, o nos descubrirán a los dos —le oyó susurrar.
    Los hombres que la perseguían pasaron de largo. Y entonces el hombre la soltó.
    Era mayor que ella, alto, esbelto, y tenía los ojos azules como el cielo en un día despejado. Vestía de negro, y llevaba una amplia capa, igual que ella, con la que se confundía con las sombras. Sus movimientos eran ágiles y furtivos, su porte arrogante, su mirada fría y burlona. Le resultaba atractivo, y no habría sabido decir en qué sentido.
    Él se miró la palma de la mano, esbozó una sonrisa que Dayna no supo interpretar, la miró con curiosidad un instante y luego pareció olvidarse de ella. Una arruga se formó en su frente.
    —Podían haberme descubierto —le oyó susurrar.
    Dayna no comprendió a qué se refería.
    —Vienes de la Pradera —dijo el hombre a continuación, mirándola de nuevo, esta vez con más interés que curiosidad.
  Las Drin Mazome vestían calzones de cuero muy cortos y un corpiño o peto que cubría su pecho pero dejaba al descubierto su estómago, así como sus brazos. Calzaban botas de piel altas hasta las rodillas, y llevaban en los muslos sendas correas de cuero de las cuales pendían armas arrojadizas y afiladas, como dardos o dagas. En las muñecas, dos bandas de cuero sin curtir y ningún adorno en sus cuerpos. Y en la cabeza, una última cinta de cuero trenzado para recogerse el cabello, que caía libre y suelto hacia la espalda y que dejaba sus rostros completamente al descubierto.
    Dayna se sorprendió asintiendo.
    —Éste no es un lugar seguro para ninguno de los dos —dijo el hombre —. Vayámonos de aquí.
    Y la muchacha, faltando a sus principios y a su instinto, se dejó guiar por él y le confió su vida, porque todo él la había hechizado.
    Abandonaron aquella ciudad y se refugiaron en un cobertizo abandonado a las afueras de Burgodûr. El hombre compartió con ella la escasa comida que guardaba en un zurrón, pan, manzanas y queso curado, alimentos que Dayna no había visto ni probado antes. Conversaron durante largo rato. Ella habló muy poco, pues no tenía grandes aventuras que contar fuera de su aldea y de sus hermanas, y su instinto de supervivencia la advirtió de la necesidad de guardar en secreto las costumbres de su pueblo, pero el hombre habló sin recelo de sí mismo, de su trabajo y de su ciudad natal. Era un ladrón, miembro de una familia de ladrones de reputada fama, y había estado realizando un trabajo en Burgodûr, amparado por la oscuridad que todos los ladrones amaban. Si le hubieran descubierto, lo menos que le habrían hecho sería cortarle una mano. Y habían estado a punto de hacerlo, por culpa de ella.
    Fascinada por toda aquella información y por aquel hombre atractivo y misterioso, Dayna olvidó que se encontraba lejos de su aldea y que estaba quebrantando la más importante de las Leyes. No fue hasta que llegó el alba y un gallo cantó en alguna parte, que recordó quién era, y lo que le habían enseñado desde niña. Para entonces, el hombre se había quedado dormido con la espalda apoyada en una de las paredes de madera. Dayna se acercó a él con mucho sigilo, la mano sobre la empuñadura de su cuchillo. El hombre esbozó una sonrisa en sueños. Dayna sacó la daga de su funda.
    El hombre abrió los ojos.
    —¿Tienes que marcharte ya? —le preguntó—. ¿O no puedes irte sin haberme matado primero?
    Dayna dejó su cuchillo en el suelo frío.
    —Quiero que me enseñes algo que aún no he aprendido —le dijo.
   Se quitó la capa con la que se había abrigado durante toda la noche. Su corazón latía desbocado. Dejó su espada en el suelo, sobre la capa. Acercó su cara a la de él.
    —Y después me matarás —adivinó el hombre, sin perder la sonrisa.
    —O tú a mí —dijo la muchacha.
    El hombre la besó, y fue algo nuevo para ella.
    Cuando abandonó el cobertizo, el hombre continuaba vivo, y ella llevaba sin saberlo una semilla plantada en su vientre.
    A aquel hombre no volvió a verlo. Jamás."

viernes, 30 de diciembre de 2011

Abriendo mi corazón. O del comentario que me quedó demasiado largo.

Esta entrada no estaba planeada. Hoy pretendía dedicar la tarde a preparar el último relato del año, que os dejaré mañana, con mis bendiciones y mis mejores deseos para el 2012. He venido al blog para preparar esa última entrada, he leído los comentarios que habéis dejado en la anterior, y he empezado a responderlos... pero como sabéis, lo mío no es precisamente resumir, y es mucho lo que vuestras palabras me han provocado: sonrisas, calidez, entusiasmo, ganas de llorar de alegría, ilusión, fuerza, remordimientos y mucho, mucho amor. El comentario me estaba quedando tan largo que casi parecía una entrada, y he pensado: pues que sea una entrada, una entrada dedicada a todos los compañeros de viaje y amigos, a los raros, a los diferentes, a los especiales, un canto al amor y a la amistad, mi agradecimiento más profundo. Y mis disculpas, sí, eso también.
Y aquí me tenéis, buscando el modo de expresar lo que siento en estos momentos.
Y voy a empezar con una confesión:

Comentario de una de mis compañeras del trabajo, hace días, acerca de conversaciones en mi muro de facebook a la vista de todo el mundo: "tus amigos son un poco raros, ¿no?"
Mi respuesta: "claro que son raros, como yo; por eso Ellos Son Mis Amigos".
¿Hace falta decir más?

Entre todos estáis consiguiendo que no sólo este año sea el mejor de mi vida, sino también este fin de año. Como bien dice Jules, estas fechas son especiales para mí. Especialmente tristes, ésa es la verdad. Cuando todo el mundo se acerca con su sonrisa y ese entusiasmo que no sé si es falso o simplemente contagiado por todo lo que rodea a la Navidad y al fin de año, y me pregunta: "¿Y cómo se presentan las fiestas?", supongo que esperando una sonrisa y un: "oh, pues geniales, ¿y las tuyas?", lo que respondo es: "pues como todos los años, sola en casa con mi gato". A mí se me hace un nudo en el estómago y me entran ganas de llorar, y la conversación muere. Supongo que no es la respuesta que la gente espera, pero ¿qué voy a decirles, una mentira? Ojalá pudiera responderles lo que esperan oir, ése es mi mayor deseo, cada año el mismo deseo: no estar sola el día de mi cumpleaños.
Este año no voy a estar sola. Mi mejor amiga vendrá a pasar la nochevieja conmigo, y os tengo a vosotros. Es increíble que cuando por fin me decido a pedir un abrazo en voz alta, aparezcan tantos buenos amigos dispuestos a abrazarme y a llenar mi muro de cariño y mi corazón de calidez. Soy tan tonta... ¿cómo puedo decir que me siento sola? No es cierto, no estoy sola. Y todavía no sé lo que he hecho para merecer tanto cariño y tanto apoyo, de verdad. Os lo he dicho muchas veces, pero nunca serán demasiadas: Os quiero. Os necesito. Os debo mucho. GRACIAS por todo lo que hacéis por mí. 
Y perdonadme.
Perdonadme, porque soy idiota. Con mis ataques de tristeza y mis bajones anímicos y mis días oscuros y llenos de negatividad no os estoy demostrando ni mi agradecimiento ni mi afecto, al contrario. No sé si pensaréis que soy una desagradecida, pero así es como me siento a veces. Tantas sonrisas por vuestra parte y a cambio mi silencio, tanto apoyo que recibo y a cambio mi silencio, tanto cariño en cada comentario y a cambio mi silencio, porque cuando estoy feliz siempre soy la primera en venir a compartirlo con vosotros, mientras que cuando me ataca la tristeza me escondo y no me comunico con nadie, porque no deseo compartir negatividad y el vacío que siento. Un vacío que no es real, lo sé, me lo estáis demostrando a diario. Y parece que no aprendo. La distancia no me impide amaros a todos, pero sí me impide tocaros, y el hecho de no teneros físicamente a mi lado me hace olvidar demasiado a menudo que la distancia no es más que una palabra de las muchas que tiene el diccionario, y que su importancia es tan grande como yo quiera verla. 
Hoy hago un propósito de fin de año, no dejarme vencer nunca más por la tristeza, pues no tengo motivos reales para sentirme sola ni vacía. Con empeño y vuestra ayuda, lo conseguiré. Ya va siendo hora de abrir los ojos y de madurar. Se acabó la soledad, se acabó hace tiempo, pero no me daba cuenta. Aprendo muy despacio, os lo dije, siempre he sido la última para todo, también a la hora de aprender ciertas cosas. No en el colegio, era la primera, cerebro hiperactivo, agilidad mental, una memoria extraordinaria y grandes deseos de aprender;  pero sí en la escuela de la vida, en la que no he tenido maestros, más que los que he ido encontrando en los libros, hasta hace poco mis únicos amigos fieles. 
Fuera tristeza, Bea!! Empieza a pagar tanto afecto con alegría, no seas injusta con las personas que te quieren.

Este año ha sido especial en más de un sentido. Este año por fin me he quitado la camiseta de chica dura, y la coraza con la que me protegía de todo el mundo por miedo a ver romperse mi corazón. Este año he aprendido a dejarme querer. Al principio fue difícil, no estaba acostumbrada, soy la rara, ¿recordáis?, la que no se relaciona con la gente, la que no conoce el significado de la palabra empatía. Me costaba aceptar que podía ser una persona sensible. Muchos meses después de abrir mi corazón al mundo, descubro que soy hipersensible, siento todo con gran intensidad, las cosas me emocionan o me duelen, tengo ganas de llorar a menudo, y no siempre a causa de la tristeza. Todavía no se me da bien expresar con palabras o con actos ni mi afecto ni mi agradecimiento, pero poco a poco voy aprendiendo. Nunca he sido muy detallista, pero siempre he sido sincera. No suelo preguntar ¿cómo estás?, pero soy sincera cuando digo "no estés triste, piensa que tienes todo mi cariño" y también cuando digo "tu felicidad me hace feliz, tu alegría me alegra, porque te quiero". He pasado de no saber llorar a necesitar hacerlo a menudo, aunque las lágrimas siguen negándose a salir, ¡con lo necesarias que son a veces, y lo que alivian en ciertos momentos! Ahora estoy buscando un equilibrio entre la Bea Terminator y la Bea Candy Candy. Supongo que todos tenemos que luchar cada día con nuestros dos yo más extremistas. 

Tengo otro motivo para desear desterrar la tristeza de mi vida. Hace años, cuando estaba sola y me sentía vacía y llena de rabia, escribía constantemente. Me inspiraban la necesidad de comunicarme y la rabia que sentía contra mi propia soledad. Hace once años, creí encontrar al amor de mi vida, y del amor y de la ilusión y de la felicidad nació Thèramon. Cuando mi historia de amor se convirtió en una locura, una pesadilla y una mentira, me vino el Bloqueo, que me tuvo seis años largos sin ser capaz de escribir ni una simple postal de navidad o de cumpleaños. Pero cuando mi ex se marchó (y ahora puedo decir ¡por fin! y ¿por qué no lo hizo antes?) y de la forma más inesperada nació una nueva ilusión, se rompió el Bloqueo, y de lo que esa ilusión me hacía sentir nació Criatura de Fuego, Criatura de Luz. Thèramon volvía a la vida, gracias al amor. Y qué importa que esa ilusión se quedara en eso, en ilusión, me devolvió a la vida y, lo más importante, me devolvió a Thèramon. Siempre le recordaré con afecto, y mi forma de darle las gracias fue ponerle su nombre al protagonista de esa Historia de Thèramon. Y entonces, este año, sin buscarlo, sin pretenderlo, ¡lo imposible! ¡Lo maravilloso! El Amor llamó a mi puerta, y yo le abrí. Y Thèramon se hizo grande, y las Musas regresaron con fuerza, y nació una nueva Historia de Thèramon, El Origen, y la primera Historia de Thèramon salió del archivador en el que yacía, casi olvidada, y ahora forma parte de este blog, y de todos vosotros. 
Y he descubierto que realmente el amor es la fuente de toda creación. Y que ya no soy capaz de escribir inspirada por la rabia, ni por la tristeza, que del vacío no sale nada, porque del vacío no hay nada que sacar. Berindei se transformó en Viorel, que en la lengua de los heryshi significa "lleno de vida". Y de la vida mis Musas extraen más Thèramon, pero cuando la tristeza me ataca vuelvo a no ser capaz de escribir.
Así que no quiero estar triste, deseo seguir escribiendo, porque escribir es lo que me hace más feliz. Y porque tengo un sueño que cumplir. Y porque hay lectores que desean saber más de Thèramon. Y porque tengo una portada preciosa que espera una historia completa con la que ser llenada y presentada al mundo.
Y porque os lo debo, por vuestro apoyo constante.
No deseo decepcionaros. Me tenéis en muy alta estima como escritora, no puedo, no debo decepcionaros.

Lo que más he agradecido de vuestros comentarios en la anterior entrada han sido las palabras de afecto y el sentirme identificada y parte de un grupo de personas especiales y maravillosas. Lo que más me ha sorprendido, ha sido la reacción unánime ante mi descripción de la geografía. ¿En serio os ha gustado? ¿En serio no os ha aburrido? ¡Vaya! Estaba convencida de que era muy mala describiendo según qué cosas... Lo cierto es que me habéis hecho pensar mucho en ello, y que me habéis alegrado la tarde. Pero especialmente me habéis hecho pensar.
Os he dejado relatos de tres Historias de Thèramon. De cuatro, en realidad, aunque de la historia de Ogodan (el hombre que es más que un hombre) sólo os he mostrado un relato muy breve. La prosa es diferente en cada una de las historias. Más directa en la más antigua, más épica en la segunda y más clásica en la más reciente. A mí personalmente me encanta la prosa de El Origen, que me recuerda a El Silmarillon de Tolkien y a algunos de vosotros os recuerda a Hesíodo. Pero tengo la sensación de que la mayoría preferís el relato de Dayna, del ladrón y del hombre oscuro. Y debo recordaros que esa historia tiene más de diez años. Pienso mucho en la evolución de la prosa, y me pregunto si los años de Bloqueo me han servido para mejorar o si ha sido todo lo contrario. Voy a seguir con El Origen (si la alegría vuelve y las Musas quieren aprovecharla) aunque los relatos acerca de los dioses y el descubrimiento de Thèramon han suscitado menos comentarios que los de las mujeres guerreras, e incluso éstos son pocos comparados con los comentarios que llegaron a raíz del Prólogo de Criatura de Fuego, Criatura de Luz. ¿Me estoy equivocando? Aquí es donde más podéis ayudarme, con vuestras opiniones. Ya veo que os gusta Dayna, pero ¿os gusta El Origen? Necesito saberlo, hace meses que pienso demasiado en ello. ¿Mi prosa ha evolucionado en los últimos diez años, o estoy siguiendo un camino equivocado?

¿Habéis llegado hasta aquí, u os he aburrido hace rato?

Como dije, ayer os daba las GRACIAS. Mañana os desearé SUERTE. Yo ya he pedido mis deseos para el nuevo año, y estoy convencida de que muchos de ellos se van a cumplir. Amo, y creo. Amo, y confío. Amo, y espero. Amo, y lucharé por mis sueños. Vosotros formáis parte de algunos de esos sueños. Sé que voy a ver vuestras novelas publicadas. En cuanto a la mía... primero he de terminar alguna de las Historias de Thèramon, y después, sí, seguro que la voy a ver en las librerías. Pero no podré escribir si sigo dejándome vencer por la tristeza. No podré escribir si sigo lamentándome por lo que aún no tengo en lugar de agradecer lo que sí tengo y dedicarme a disfrutarlo. Os tengo a vosotros. Tengo más amor del que podría haber soñado antes de este año. No dejéis de recordármelo, os lo ruego. Sé que acabaré encontrando el equilibrio. Con vuestra ayuda.
Deseo océanos de amor para todos vosotros.
Deseo que los dioses os bendigan y que os mantengan siempre a mi lado.
Deseo que todos vuestros sueños se cumplan.
Deseo que se cumplan mis sueños.
Cuando llegue el momento, cuando esté preparada para recibir y para disfrutar del éxito en todos los frentes.
Deseo que el momento sea 2012.

FELIZ AÑO NUEVO, COMPAÑEROS DE VIAJE.

martes, 27 de diciembre de 2011

Haciendo balance (como casi todo el mundo)

Falta muy poco para que acabe el año, y no soy la única que está haciendo balance: cosas buenas, cosas malas, sueños cumplidos, éxitos, qué hemos aprendido, qué hemos encontrado a lo largo del camino, qué hemos tenido que dejar atrás, qué esperamos del futuro... No voy a hacer una lista, no deseo aburriros. Sólo deciros que 2011 ha sido el mejor año de toda mi vida.

Mi cumpleaños es el día 31. Nací el último día del año, justo una hora antes de que sonaran las campanadas, siempre he sido la última para todo. Dicen que lo bueno siempre se hace esperar, a veces ese pensamiento me consuela. Dicen que la última noche del año es una noche mágica, a veces eso me hace sentir especial. Pero la mayor parte del tiempo, más que especial, me siento diferente. No soy como las personas que me rodean. No me gusta salir, no veo la tele, no me van los cotilleos, no hablo demasiado, apenas tengo amigos. Vivo sola con mi gato, rodeada de libros y de sueños, pegada al ordenador. Mis amigos están todos al otro lado de la pantalla, y a la mayoría de ellos jamás les he visto, pero son más reales que las personas con las que convivo a diario. Y los quiero con todo mi corazón. Tengo una relación de pareja con un hombre maravilloso al que no puedo abrazar y al que no deseo perder. Y escribo sobre criaturas que las personas que pueblan el mundo “real” juran que no existen. Siento que no pertenezco a ese mundo, que ese mundo no es más real que el que yo misma he creado. Me llaman friki. Me llaman rara. Me llaman cría. Me llaman ilusa.
Me hacen sentir sola.

Pero pertenezco a Thèramon, y Thèramon es un mundo real, no sólo para mí. A lo largo de este año, Thèramon ha conseguido llegar a los corazones de muchas personas, vosotros, queridos compañeros de viaje. Vuestro apoyo, vuestro interés, vuestros comentarios, han hecho que Thèramon dejara de ser el fruto de mi imaginación y el lugar en el que viven mis sueños, lo han convertido en un mundo real y vivo, lo han hecho crecer.
No me siento sola. No estoy sola en este viaje. Y creo, más que nunca, que todos los sueños se cumplen, cuando les llega el momento.
El momento es ahora. El momento comenzó en abril de este año, cuando me decidí a crear este blog. Nunca he recibido mejor consejo, nunca he tenido mejor idea que seguir ese consejo y mostrar Thèramon al mundo. Gracias a este blog os he conocido, muchos de vosotros sois ahora mis queridos Ilohiim, los Elegidos de mi corazón. A vuestro lado me siento comprendida y arropada, y acompañada, y querida. Este año ha sido el más feliz de mi vida. Y deseo que dure, que 2012 me siga bendiciendo con vuestra amistad y vuestro cariño, que se cumplan vuestros sueños y los míos, que sigamos compartiendo nuestra felicidad, que no se pierda el amor, que es la fuente de toda creación, porque gracias al amor que siento y al amor que recibo sigo escribiendo. Y cuando escribo sí que me siento especial. Cada vez que uno de vosotros me dice “quiero más Thèramon” me siento especial. Espero no llegar a decepcionaros nunca.

El capítulo que os traigo hoy no es el más interesante de esta Historia de Thèramon que estoy compartiendo con vosotros. No soy muy buena describiendo la geografía, perdonadme si este relato no está a la altura de los anteriores. Pero debéis leerlo, si queréis seguir el capítulo, nos explica más cosas sobre las mujeres guerreras, y os ayudará a comprender cómo Dayna llegó a sentir amor por ese ladrón que a muchos no os resulta nada atractivo. El encuentro de ambos os lo dejaré dentro de unos pocos días, mi propósito es acabar el año con ese relato, que espero responda a algunas de vuestras preguntas. Y el año que viene... bueno, dependerá de vosotros, si queréis seguir leyendo seguiré colgando capítulos de esta historia. Espero seguir colgando capítulos de esa historia.
Y que las Musas me den muchos capítulos nuevos de las otras Historias de Thèramon que deseo seguir compartiendo con todos vosotros.

Me he extendido mucho, lo sé, lo he hecho porque el relato de hoy es corto, y el próximo no lo será tanto, y deseaba deciros lo importantes que sois para mí, lo mucho que os quiero y que os necesito en mi vida, y lo mucho que Thèramon os debe a todos.
El día 31 no seré tan plasta.
El 31 os diré Suerte!! Hoy os digo GRACIAS.

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© Bea Magaña (Reservados todos los derechos)

El camino antes recorrido (II)

"El Daro Arborae había aparecido de repente, después de la batalla de los Campos de Wüstenor, una espesa barrera que separaba Drinveld Meara de Sàaräni-Erye. Era un lugar oscuro y fresco que las Mazome frecuentaron al principio, llenas de curiosidad, acaso esperando encontrar en su interior a sus hombres desaparecidos. Crecían en él extrañas flores azules que se mostraban hostiles cuando alguien se les acercaba. A excepción de lo que sucedería en un bosque frondoso, en éste no moraban animalillos, ni anidaban aves en los árboles de madera negra y lisa. La hierba era oscura y rala, el suelo húmedo recordaba la anterior existencia del río, y no se veía el cielo azul cuando se estaba allí adentro.
    Al oeste, el bosque se interrumpía de forma abrupta. Cientos de metros más abajo, el Mesagua corría encerrado entre las paredes de un inmenso desfiladero que llamaron Cañón de la Media Luna debido a su forma de hoz. No existían pasarelas o puentes que comunicaran el bosque con el desierto. Al sur, el río se precipitaba en los Abismos del Silencio. Al norte, los árboles empezaban a escasear a la altura del camino que unía el Desierto de las Ilusiones con la frontera de Samura Dalnu; un puente natural de roca permitía atravesar el río y después la tierra volvía a ser llana y pedregosa.
    Las Drin Mazome se dedicaron a buscar nuevos hombres en las ciudades pobladas del este. Nacieron nuevos niños y vieron renovarse su raza, lejos de la extinción. De la noche a la mañana, aparecieron los Elfos Oscuros, que se apropiaron del Daro Arborae y se dedicaron a robar a los bebés. Las guerreras solitarias pensaron que sus hombres habían regresado, convertidos en horripilantes criaturas que las castigaban por su olvido. No volvió a haber hombres libres en el Mar de Hierba. Se constituyó una sociedad matriarcal, liderada por una mujer, la Tiara, se crearon nuevas Leyes, y las Drin Mazome se convirtieron en la hermandad de guerreras que eran actualmente.
    Si tomaba el camino del oeste, pero no se acercaba al Daro Arborae, seguramente no se encontraría con ningún Elfo Oscuro. No necesitaba cruzar el río en aquel lugar. Ya lo atravesaría más adelante. No recordaba haber dudado tanto en el pasado.
    El Mesagua nacía en algún lugar al este de Boreade Saaru, en la cara de las montañas que miraba hacia Minroq Dalnu. Lo llamaban el Río de la Sal, porque la proximidad del desierto volvía sus aguas saladas al poco de su nacimiento, pero no se internaba en Sàaräni-Erye en ningún momento. Su curso caudaloso servía de barrera entre Samura Dalnu y el País de las Torres, pero no se unía al Mörtem Mearae hacia el este, sino que se desviaba, dibujando meandros, hacia el sur, y su curso sinuoso hacía pensar que el río no sabía hacia dónde dirigirse para morir. Hacia la mitad de su recorrido se encaminaba hacia el oeste, y conformaba una frontera vadeable entre Sàaräni-Erye y el País de las Sombras, y desde allí continuaba en línea recta hacia el sur, desviándose por última vez antes de volver al oeste encerrado entre las altas paredes del Cañón de la Media Luna, donde era infranqueable. Cuando la garganta moría desviando su curso hacia el este, el bosque a su derecha descendía a encontrarse con las aguas y el Río de la Sal corría libremente por el Daro Arborae, en algún punto del cual moría.
   Las Drin Mazome no se habían aventurado por el Bosque Negro desde hacía decenios. En otro tiempo, cuando las mujeres guerreras habían sido más numerosas y sus enfrentamientos con los Elfos Oscuros habían estado a la orden del día, habían cruzado el Daro Arborae y habían luchado contra sus enemigos junto al barranco que ponía fin al bosque. Desde allí habían arrojado a cientos de Elfos Oscuros al fondo del Cañón de la Media Luna. Cientos de Elfos Oscuros habían perecido ahogados en el Mesagua. Ahora éstos eran una raza diezmada, igual que ellas, y procuraban evitar los enfrentamientos directos, prefiriendo atacar por sorpresa. Lo cual era bastante difícil de conseguir, pues las Drin Mazome vigilaban los caminos constantemente, y no se permitían bajar la guardia ni de día ni de noche.
    Existían tres caminos para acceder a Drinveld Meara. Tres caminos que los Elfos Oscuros podían tomar si decidían atacar a sus vecinas o aventurarse en busca de las criaturas que les servían de alimento. El más rápido y directo, así como el más desatinado, les llevaba en línea recta desde la zona más austral del Daro Arborae, a través de una explanada desnuda, y después cuesta arriba por terreno pedregoso y descubierto, donde eran blancos fáciles para las guerreras que estaban muy escarmentadas y ya no se dejaban sorprender por sus enemigos. El segundo camino, no tan directo, también rápido y tal vez el más arriesgado, les llevaba desde la parte norte del Daro Arborae hasta el Mirador, y de allí al sur, pero tampoco los Elfos Oscuros tenían éxito por este lugar, pues las Mazome se apostaban precisamente en esta loma, que era un punto de vigilancia estratégico desde el cual controlaban todos los senderos. Su tercera opción era la vía más larga, y tampoco ésta les aseguraba el éxito; podían abandonar el Daro Arborae por el norte, caminar durante una jornada hasta llegar al Paso de Sheim, atravesarlo en dirección este, bordear la Pradera y atacar entonces desde el límite oriental del Mar de Hierba. Desde el Paso de Sheim no podían alcanzar el Mirador, pues las paredes del despeñadero no les permitirían la escalada. Sin embargo, desde el Mirador sí se podía descender al fondo del barranco. Por ese motivo, los Elfos Oscuros llevaban tanto tiempo sin dar señales de vida. Las Drin Mazome tenían vigilados todos los caminos. No eran una presa fácil.
    Dayna era una mujer sola a lomos de una magnífica yegua, armada y alerta, tampoco era una presa fácil. Había dejado el Mirador atrás y muy arriba, y ahora observaba el camino que tenía por delante, detenida sobre su montura en el centro de la encrucijada. La yegua resoplaba, pero esperaba una orden de la amazona. La mujer había dado el paso más difícil, que era abandonar la seguridad de las alturas, pero ahora no parecía tener prisa por continuar su camino. El mundo se hallaba en silencio. No cantaban pájaros en el Daro Arborae; no se percibía movimiento alguno hacia el este. En el oeste, más allá de los árboles, más allá del precipicio, el desierto se extendía, amenazador. Hacia el norte de la encrucijada, el camino llevaba al Mörtem Mearae y a la playa de Buccane, que la mujer pretendía evitar. No quiso mirar hacia atrás.
   Suspiró, cerró los ojos, acarició el pescuezo de la yegua. El camino se extendía, se extendía... y lo que buscaba se encontraba muy lejos. Presentía que las Drin Mazome no disponían de mucho tiempo. Tenía que partir.
   Elevó una plegaria a sus dioses y fijó la mirada en el noroeste. Se recordó a sí misma que ya no era una niña, para infundirse valor, y siguió su camino, sin prisa, como si estuviera dando un paseo. Al otro lado del Mesagua existía un país nuevo. La yegua trotaba y Dayna vigilaba el bosque a su izquierda, pero nada se movía en su interior. Se apartó del camino y siguió el curso del río hacia el norte. No lo cruzó, pero supo cuándo dejó el país que conocía; no miró atrás cuando traspasó la frontera invisible de Samura Dalnu. Los soles se ocultaron y la mujer no se atrevió a espolear a su yegua. El viento que soplaba del desierto era cálido. Y Dayna cabalgaba con una mano sobre la empuñadura de su espada de doble hoja y los pensamientos centrados en el pasado."

viernes, 23 de diciembre de 2011

Se habla de Thèramon!!

Por fin ya está aquí, ya salió el número de diciembre de la revista Imaginarios, y trae una sorpresa muy especial!!

¿Recordáis que os dije que tenía un par de buenas noticias para vosotros? No hace mucho os dejé el enlace que os llevaría hasta el blog Devoradora de Libros, en el que mi querida Jules me hacía una entrevista. Bien, pues aquí tenéis otra, y esta vez no me la ha hecho un amigo de toda la vida, sino un "desconocido" que contactó conmigo a través de mi página de facebook, Criatura de Fuego, Criatura de Luz (Historias de Thèramon) --que, por cierto, ya cuenta con 119 seguidores!!--; Roberto Redondo, escritor de fantasía épica, ahora amigo gracias a facebook, y colaborador de esta estupenda revista, me propuso esta entrevista, y por una vez me dije ¡fuera timidez, fuera vergüenza! y acepté. Sus preguntas fueron muy interesantes, y mis respuestas... bueno, vosotros mismos podéis juzgar, sólo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo más abajo y leer. Buscadme en las páginas 71-72.

Y si os gusta, dejad aquí un comentario, sed buenos.

Gracias, Velkar, ha sido un estupendo regalo de cumpleaños!!!



Si pincháis en el primer enlace, os llevará hasta la web de Espada y Brujería, desde allí podéis ver la revista, y de paso echarle un vistazo a la web, que es muy interesante. 
Si pincháis en la foto, podéis descargaros la revista en pdf y leerla con más comodidad.


Que paséis unas muy felices fiestas. Aprovechad estos días para leer algo bueno ;)

domingo, 18 de diciembre de 2011

El camino antes recorrido (I)

A falta de una semana para que sea navidad, y a falta de dos para cumplir años, y puedo decir que esta época sigue sin motivarme, y que este año diciembre no ha podido conmigo. Sí, estoy triste a ratos, pero no lo bastante como para desear encerrarme en mi urna de cristal y no mostrar mi rostro al mundo hasta el año que viene. Y eso es alentador. Porque la ilusión y el entusiasmo que mostraba hasta este verano, aunque ya no me desbordan, siguen ahí, latentes, y no he perdido la esperanza, y tampoco la fe. Todos los sueños se cumplen, cuando les llega el momento. Podría parecer que a veces lo olvido, pero no es cierto: lo creo firmemente; sucede que aún soy demasiado impaciente, y quisiera que el futuro fuese mañana, o mejor, hoy mismo. Aún tengo que aprender paciencia. Ninguna meta se alcanza sin esfuerzo y perseverancia.
Y este es mi mensaje navideño para todos mis compañeros de viaje: amad y creed, amad y confiad. El amor es la fuente de toda creación, y los dioses recompensan a los que luchan por lo que aman. Si tenéis un sueño, no perdáis el tiempo lamentando que aún no se haya hecho realidad, luchad por ello, no permitáis que las dudas, la falta de respuestas, las críticas, la distancia, la soledad, los obstáculos o la impaciencia os hagan pensar que ese sueño nunca se verá cumplido. Dejad que la ilusión os llene, que os guíe, disfrutad de lo que tenéis, aunque os parezca poco comparado con lo que desearíais tener, y sed pacientes. Todo tiene su momento. Pedid vuestro deseo, puede ser que en 2012 lo veáis cumplido. Ya queda menos.

Hoy vuelvo a traeros a Dayna, siguiendo la historia que comenzaba con el despertar del N'Ögard en el Desierto de las Ilusiones. El relato de la Mazome va ligado al del ladrón, ambos tienen un viaje por delante, ambos parten casi al mismo tiempo y llegan casi al mismo sitio, pero cada uno vive su propia aventura, y eso es lo que quiero contaros. Tenía que empezar por uno de los dos, y he elegido a Dayna porque hay un sauce en su camino que debéis ver, si queréis comprender qué significa ese sauce en el relato de Vosloora. Pero volveremos pronto con el ladrón, quien tiene en su poder una bola de cristal que posee un gran poder, una Joya Hermosa que muchos querríamos para nosotros, pues ¿qué mejor que el Ojo que Todo lo Ve para mostrarnos el momento en el que se cumplirá nuestro destino?

Que paséis una feliz semana, amigos.
Y si puedo pedir un deseo para estas fiestas, pediré ver vuestros comentarios debajo de este texto. Os recuerdo que vuestra opinión me ayuda muchísimo, y que vuestras palabras siempre me hacen muy feliz.

Gracias por seguir haciendo el viaje a mi lado.  


©  Bea Magaña. (Reservados todos los derechos)


EL CAMINO ANTES RECORRIDO (I)


"Norte, este y oeste, hasta donde alcanzaba la vista, el paisaje se dibujaba ante sus ojos llorosos bañado por la luz anaranjada de un fatigado Aeblir, el mismo que aquella mañana ocultara su rostro al mundo que las Drin Mazome conocían. Desde el promontorio al que llamaban el Mirador se veían los tres caminos que iban a reunirse muchos metros por debajo de sus pies, en la encrucijada que llevaba el nombre del antiguo guerrero desaparecido. Hacía incontables siglos, aquellas tierras habían sido una vasta llanura, y sobre ella se había librado la mítica batalla en la cual se habían perdido todos sus hombres. Invocada por el poder de la Vara de Cedro, la Madre había protegido a los moradores del Mar de Hierba, creando una barrera infranqueable al abrirse la tierra bajo millares de pies. Los cuatro ejércitos habían sido tragados por la tierra y Drinveld Meara se había salvado de la destrucción, pero los guerreros de las praderas nunca habían regresado al hogar. Ahora nadie podía llegar a Drinveld Meara desde el Paso de Sheim.
    Dayna no había vuelto a acercarse al Mirador desde aquella funesta tarde en la que perdieron a dos de sus jóvenes guerreras; la tarde en la que ella había visto llegar a aquel extraño procedente del desierto. Aún le dolía pensar en aquella tarde. Lane, Barb y Ledan, las recordaba bien; la primera había enloquecido, la segunda había muerto, la tercera había alumbrado a un monstruo y había envejecido una década. Lane, Barb y Ledan. Qué jóvenes habían sido, qué llenas de vida y de sueños. Las echaba de menos. Tan sólo Ledan vivía ahora, y también había tenido que despedirse de ella. En Drinveld Meara, sus hermanas estarían preparando la pira funeraria de Lane; a lomos de su yegua, Dayna se alejaba por el camino que no había pisado en un año. Otras habían continuado vigilando los senderos desde entonces, pero Dayna no las había acompañado. Ninguna guerrera vigilaba el Paso de Sheim esa tarde. Dayna miraba a lo lejos desde las alturas, y estaba sola.
    El Paso de Sheim. El camino antes recorrido.
    Las palabras de la pobre Lane resonaban aún en sus oídos, y el recuerdo de su mirada vacía mantenía los ojos de Dayna anegados. No había desaparecido la angustia de su corazón. La joven guerrera había sobrevivido un año con la ayuda de los dioses, pero no había recuperado el juicio ni siquiera en su lecho de muerte. Y sin embargo sus palabras provocadas por el delirio habían sonado sensatas y apremiantes. Busca al proscrito, había dicho, y Dayna no había necesitado preguntar a quién se refería. Lane también había hablado del futuro, y del horror que se avecinaba. Desearéis estar muertas, había vaticinado; Dayna nunca había sentido tanto miedo como en ese momento.
    Había abandonado la aldea a media tarde y había cruzado el Mar de Hierba al galope sobre su yegua zaina, pensando como una niña que si corría conseguiría dejar atrás tanto el miedo como los pensamientos que la atormentaban. Pero éstos le habían dado alcance, raudos como el viento, no habían querido separarse de ella. Y ahora, a medida que se alejaba de su pueblo y de sus hermanas, los recuerdos se iban sumando a los pensamientos que no querían abandonarla.
    Sigue el camino antes recorrido.
    Encinta y asustada, con tan sólo dieciocho años y el peso de la culpa a sus espaldas, había huido en la noche y no había dudado al tomar el camino que siguieron sus antepasados. No había temido a lo desconocido, ni a los posibles enemigos o peligros que pudiera encontrar a lo largo de su viaje. El Paso de Sheim había sido su mayor aventura. Ahora volvería a cruzarlo siguiendo las órdenes de la misma criatura que la había guiado en el pasado. Pero tenía miedo, porque esta vez no se trataba de una aventura al margen de la Ley de las Drin Mazome. Esta vez, el unicornio no había acudido directamente a ella.
   Su corazón dudaba de que existiera alguien capaz de detener al hombre oscuro, quien tenía el poder para hacer desaparecer al mismísimo Aeblir. Temía que no hubiera futuro para ellas. Temía que las Mazome estuvieran condenadas a la extinción.
     Sheim había frenado el avance de los tres ejércitos armado con la mítica Vara de Cedro, con su fe y con la ayuda de aquel instrumento bendecido por el poder de los dioses había salvado Drinveld Meara de la aniquilación. Desde entonces las Mazome habían vivido solas, habían aprendido a valerse sin ayuda de los hombres, sabían cazar y luchar, sabían defenderse de sus enemigos, y habían constituido la sociedad que tenían ahora. Algunas pensaban que los hombres capitaneados por Sheim se habían instalado en algún lugar al norte de Samura Dalnu. Algunas predecían el regreso de sus hombres. Algunas juraban no necesitar que éstos volvieran. Ninguna había cruzado el Paso de Sheim para buscarlos.
    Ahora, Dayna no era la única que quería confiar en las antiguas profecías. Si Sheim, armado únicamente con la Vara de sus antepasados, había logrado detener el avance de tres ejércitos, sólo él o sus descendientes podrían derrotar al hombre oscuro. Y si ella poseía una ínfima parte de la Magia que había protegido a los suyos durante siglos, encontraría al descendiente de Sheim. No quería dudar sobre esto. Ella había sido elegida mucho tiempo atrás por el amado de los dioses. Viajaba ahora en busca de la esperanza. La hallaría más allá del Paso de Sheim.
    Contaba la leyenda que los Drin Madura poseían un tesoro de incalculable valor que todos los habitantes de Samura Dalnu codiciaban. Contaba cómo llegaron los hombres del este, que vivían en fabulosas ciudades rebosantes de oro y que eran conocidos por su fama de ladrones, en busca del tesoro que ansiaban. Contaba cómo los Philias Buster, que se jactaban de haber recorrido en tiempos inmemoriales los mares abordando y saqueando cuantas embarcaciones encontraban a su paso, y que ahora vivían en las playas meridionales del Mörtem Mearae, deseaban hacerse con el tesoro que se escondía en algún lugar de Drinveld Meara. Contaba cómo los hombres del desierto, avanzando desde el oeste, habían llegado con las mismas intenciones de hacerse con el tesoro que todos codiciaban. Los Drin Madura ignoraban qué clase de tesoro era el que custodiaban sin saberlo, pero no iban a entregar sus tierras y sus vidas sin luchar.
    Contaba la leyenda que había un hombre llamado Sheim que lideraba a los guerreros del Mar de Hierba. Este hombre salvaje y bravo reunió a todos los hombres de la aldea capaces de empuñar un arma y salió al encuentro de los tres ejércitos de ladrones, armado con la Vara de sus ancestros. La batalla tuvo lugar en los Campos de Wüstenor, y era recordada como la última gran guerra que había sacudido Samura Dalnu, y la más devastadora.
    Contaba la leyenda que la tierra se había abierto, tragándose los Campos de Wüstenor, de los que sólo quedaba el recuerdo, y que el camino que llevaba a Drinveld Meara había desaparecido, devorado por un elevado despeñadero imposible de escalar. Las rocas desprendidas por el levantamiento de la tierra que quería formar un monte donde antes existiera llanura y camino habían sepultado a cientos de hombres, y las guerreras habían llorado la pérdida de los suyos protegidas en sus tierras de pronto elevadas. La vasta pradera había quedado aislada, un ancho mar de hierba en lo alto de un monte, con el resto del mundo a sus pies. El Mesagua bañaba ahora una llanura estéril, los restos del Wüstenor, y los caminos se unían al fondo del barranco que era llamado con respeto y tristeza el Paso de Sheim. Al este de Drinveld Meara, una ligera pendiente desnuda llevaba a un riscal, más allá del cual se alzaban las primeras ciudades civilizadas; al oeste, el Mesagua se había retirado, dejando a su paso un barrizal en el que más tarde crecería como por arte de magia el temible Bosque Negro que separaría el Mar de Hierba del desconocido Sàaräni-Erye.
    Los ladrones de tesoros no habían vuelto a molestar a las mujeres salvajes. Y en la batalla de los Campos de Wüstenor se perdieron todos los Drin Madura. Desde entonces, se llamaban a sí mismas Drin Mazome, las guerreras solitarias, y no habían vuelto a admitir hombres en su sociedad.
    Contaba la leyenda, o acaso era solamente algo que las Drin Mazome querían creer, que Sheim y sus guerreros se habían salvado, que se habían instalado en algún lugar al norte o al oeste de Sàaräni-Erye, y que algún día volverían a su hogar y reclamarían lo que les pertenecía por derecho. Ese día no había llegado nunca. Y las mujeres de la pradera se habían acostumbrado a la ausencia de sus hombres, no habían buscado venganza, no les habían buscado a ellos. Habían aprendido a odiar a todos los hombres. Y Dayna había sido la única que traspasara los límites del barranco.
    Las Drin Mazome habían tenido muchos enfrentamientos con los Samurii Männar, a los que no querían ver cerca de sus tierras; sin embargo, no habían vuelto a saber nada de los Philias Buster, así como de los Thâr Darmanii, que habían quedado relegados al olvido después de que el Daro Arborae separase Drinveld Meara del desierto. El valioso y desconocido tesoro que con tanto afán fuese buscado había caído en el olvido. La mítica Vara de Cedro no había sido devuelta a su hogar. Y en su anterior viaje Dayna no había encontrado ninguna pista acerca del paradero de sus antepasados.
    Lane le había ordenado buscar a su hijo perdido. ¿Sería aquel niño ilegítimo, el que ella había abandonado a su suerte, el heredero de Sheim, el elegido de los dioses, el que habría de portar la Vara para salvar una vez más a su raza de la aniquilación?
    Dayna no sabía dónde buscarle.
   La orden procedía del unicornio, y esto sólo podía significar que su hijo estaba vivo. La idea le devolvió la esperanza que había creído perder a cada paso que iba dando.
   Seguiría el curso del río, rumbo al norte, como la vez anterior. Bordeando el desierto, seguiría el camino que la vez anterior. El camino antes recorrido. Huyendo de Sàaräni-Erye y de los Thâr Darmanii, dejando el oeste muy lejos, la vista en Boreade Saaru. Evitando la Playa de Buccane y a los Philias Buster, esta vez cruzaría el Mesagua si era necesario, se adentraría en Minroq Dalnu, descubriría qué había más allá. Vencería sus temores, encontraría al proscrito, la profecía se cumpliría.
    —Sheim regresará para salvar a su pueblo —dijo en voz baja.
   La yegua resopló, como si quisiera mostrarse de acuerdo. Dayna miró hacia abajo. El Paso de Sheim estaba desierto. Y a la luz del sol poniente las aguas del Río de la Sal refulgían a lo lejos. Acarició el pescuezo de su montura. Era hora de partir.
    Chasqueó la lengua, y emprendieron el descenso. Lentamente, pues no era un camino sencillo para el animal. Montones de guijarros y rocas pequeñas se deslizaban hacia el fondo del barranco a su paso. El corazón de Dayna latía con fuerza. Los ojos de la yegua miraban llenos de pánico. Le dio unas palmaditas en el pescuezo. Ascender era imposible, descender sólo arriesgado. Había hecho ese tramo embarazada, y lo haría de nuevo. Cuando llegara a la encrucijada no podría volver atrás. Y descubrió sorprendida que la idea la aliviaba."




viernes, 9 de diciembre de 2011

Ecos de Thèramon

No es la primera vez que se habla de Thèramon fuera de este lugar. Compañeros de viaje lo han mencionado en sus blogs, algunos de ellos incluso antes de haberse convertido en compañeros de viaje, lo cual fue una agradable sorpresa en su momento, y un detalle que no he olvidado y que quisiera agradecer públicamente desde este rinconcito mío.  Espero ser capaz de expresar con palabras lo mucho que todo ese apoyo ha significado y sigue significando para mí.

 A finales de junio , llegué por casualidad a un blog llamado Páramos de Soledad, y me encontré con esta sorpresa:
"...un blog la mar de interesante llamado De Dragones y Unicornios...".  Me quedé a cuadros, la verdad. Seguí leyendo la entrada, y mi sorpresa fue en aumento, ¡seguía hablando de mí! Y decía cosas muy buenas, que podéis leer si pincháis en el título:  Desvelando secretos. Naturalmente, esto picó mi curiosidad, y empecé a leer las entradas anteriores. Encontré un blog estupendo del que desde entonces soy asídua y a una amiga maravillosa a la que no deseo perder por nada del mundo. Poco a poco me fui poniendo al día con el blog de Enone, y una tarde me dio por curiosear en la lista de etiquetas que hay debajo de la cabecera (por entonces, yo ni siquiera sabía qué eran las etiquetas ni para qué servían, hacía muy poco tiempo que me había iniciado en el mundo blogger). Pinché en una llamada Un paseo por la blogosfera, y de nuevo me llevé una gran sorpresa. ¡Mi blog volvía a aparecer ahí! Esto es lo que Enone decía de Thèramon:

De Dragones y Unicornios. La autora de este blog nos abre las puertas a un mundo de fantasía y magia donde nos encontraremos con seres malvados, benévolos, extraños...mágicos. Thèramon es el nombre de este lugar de ensueño y merece la pena perderse entre las historias que la autora nos permite conocer. "Mi nombre es Bea, y mi obsesión son los dragones. Mi pasión, las letras. Mi necesidad, escribir". Con este inicio se abre un blog destinado a mostrar al mundo que la magia puede llegar a existir y que las palabras pueden construir mundos que van más allá de la lógica y la imaginación. Recomendación: leed todas las entradas, mirad los mapas, deleitaros con una imaginación desbordada.

En aquel tiempo yo tampoco sabía nada sobre enlaces, así que no pude incluir estas dos menciones en mi blog. Pero aprendí algunas cosas sobre etiquetas, y creé una llamada Compañeros de viaje, pensando que etiquetaría con este nombre las entradas en las que hablaría de esos compañeros que, sin avisar y sin que yo se lo hubiera pedido, hablaran de Thèramon, en mi blog o en los suyos. No me olvidaba de Enone, tenía una deuda de gratitud con ella que espero haber empezado a saldar hoy, por medio de esta entrada.  Con el paso del tiempo, la etiqueta Compañeros de Viaje ha encontrado su función, yo he aprendido a poner enlaces y muchas otras personas han hablado de Thèramon, y siguen haciéndolo, para deleite de mis Musas y mi propia sorpresa y satisfacción. Tengo una deuda de gratitud con muchas personas. Ignoro si seré capaz de encontrar de nuevo esos Ecos de Thèramon que tanto me sorprendieron y me alegraron en su día, pero al menos puedo ir etiquetando los Ecos que ya he incluído en este blog, sé que no es suficiente muestra de agradecimiento, pero de este modo puedo presentaros a esas personas fantásticas que tanto están haciendo por mí, y lo hago con orgullo y con infinito afecto.

Hoy os dejo el enlace a otro de esos Ecos, esta vez Thèramon aparece en el blog del compañero Juank, elcuentahistorias. Desde aquí quiero enviarle mi agradecimiento y mi cariño.

Y ya que estoy, quiero dar las gracias a todos los viajeros que seguís visitando mi mundo, tanto a los que dejáis huella de vuestro paso como a los que os mantenéis en el anonimato y en silencio hacéis subir el contador de visitas, me gustaría que no fuérais tímidos y que de vez en cuando dejárais vuestra opinión, pero igualmente os agradezco la visita. Juntos hacemos que el sueño de ver Thèramon en papel esté más cerca cada día. Yo sola nunca habría sido capaz de llegar tan lejos, creedme.
Que los dioses os bendigan. Que mi amor os acompañe.

Feliz fin de semana a todos.






lunes, 5 de diciembre de 2011

Devoradora de Libros me entrevista en su blog

Feliz semana llena de días festivos y tiempo para leer buenos relatos!!
Hoy no os dejo un capítulo, sino una de las buenas noticias que os anuncié. Espero poder dejaros la siguiente uno de estos días. Me siento muy feliz y animada, y por eso vengo a mi rinconcito a compartirlo con todos vosotros, compañeros de viaje indispensables y maravillosos.
Ya lo digo en el título de esta entrada. Mi querida Jules, en su blog Devoradora de Libros, me dedica una entrevista. Como si yo fuera alguien importante o interesante, je. El verdadero honor es que Jules haya escogido esta entrevista para celebrar los tres años de vida de su blog. Eso es lo que hace esta entrevista tan valiosa para mí.

Aquí os dejo el enlace, para los que no lo hayáis visto en mi muro de facebook (sólo tenéis que pinchar en la imagen):




Y si queréis decirme en "privado" lo que os ha parecido, ya sabéis, siempre me encanta ver vuestros comentarios 8)

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sin preámbulos, tal como prometí


Sin preámbulos, pero con nueva portada de Susana (qué queréis, no me he podido resistir)


© Bea Magaña (Reservados todos los derechos)


El libro que despertó al Mal (III)
  
"Frais les había hablado en una lengua antigua y desconocida para Vosloora, y después los Dragones Negros habían desaparecido, se habían marchado con estrépito de gigantescas alas batiendo el aire y se habían perdido de vista por el este. Los alaridos humanos habían cesado, no así los sollozos de los ciudadanos que contemplaban el rostro de Aeblir con una mezcla de alivio y de incredulidad.
    Vosloora estaba haciendo grandes esfuerzos para controlar sus propios sollozos; no deseaba llamar la atención sobre su persona. Sus ojos desorbitados miraban fijos al enorme dragón que había entrado por la ventana abierta y ahora ocupaba una gran parte de la habitación. El techo, que se encontraba a seis o siete metros del suelo, obligaba a la bestia a encoger su largo cuello; se había sentado con las alas plegadas sobre el lomo escamoso y las fauces abiertas, y esperaba órdenes de su amo. Frais, que había regresado a la alfombra y al atril, miró el libro un momento antes de cerrarlo. Por fin, sus ojos se enfrentaron a los del dragón. Ninguno de los dos tenía miedo del otro.
    —Nonurg —dijo Frais con voz profunda.
   Hilillos de humo subían en espiral desde las narinas del dragón hacia el techo de la habitación. De sus fauces abiertas colgaba una larga lengua bífida.
    —N'Ögard —saludó el dragón, con un leve movimiento de la cabeza.
    Frais asintió.
   —Exacto —dijo, y caminó a su encuentro—. Ha llegado el momento, Nonurg. Nuestro amo nos reclama, no debemos fallarle. Yo tengo una misión que cumplir, y tú harás un trabajo para mí.
    Los ojos del dragón, al principio negros como el resto del él, brillaron de pronto como dos carbones encendidos.
    —Ordena —dijo simplemente.
    Ambos parecían haber olvidado la presencia del ladrón, cuyo cuerpo enjuto temblaba tanto que parecía afectado por una fiebre maligna.
    —Busca al Korceler —ordenó Frais, y su tono de voz mostraba todo el odio que le hacía sentir ese vocablo—. Tráelo ante mí, lo quiero vivo. Él es la llave que abrirá el camino hacia nuestra victoria.
    Nonurg se tomó un par de minutos para comprender las palabras del N'Ögard. Cuando las asimiló, sus ojos volvieron a arder, impregnados del mismo odio que transmitía la voz del nigromante.
    —¿Dónde debo buscar a tu igual? —preguntó.
    La pregunta del Darok le enfureció. ¡Estúpida criatura! Si supiera dónde encontrar al Protector, ¿crees que me habría tomado tantas molestias para rescataros del exilio? Por un instante, estuvo a punto de gritarle, llevado por la frustración que su ignorancia le provocaba; si conociera la identidad y el paradero del Korceler, haría ya tiempo que él mismo lo habría capturado sin necesidad de ayuda. Pero se guardó su rabia y escondió este pensamiento antes de que Nonurg hubiera podido percibirlo. No le convenía despertar la ira de tan valioso aliado.
    Le dio la espalda y fijó la mirada en el exterior. La habitación contaba con cuatro fantásticos ventanales desde los que se veía cada rincón de la ciudad. Nada escapaba a los ojos del Mago Oscuro. Süt Zäwasze al este, hacia donde Frais miraba a menudo; al norte y al oeste y al sur, más allá de Maindûr, se divisaban las distintas ciudades de Samura Dalnu: Mercadûr, Boscadûr, Burgodûr, Dûrmater, Dûranta, Pleadûr, ciudades habitadas por Samurii Männar, ciudades de casas altas y calles estrechas, todas parecidas a Maindûr, todas ricas y prósperas, todas ellas independientes, con un gobernador, como antes había sido Maindûr. Y más allá de ellas, más allá de donde alcanzaba la vista...
    Lo que escapaba a la percepción de Rodan Frais.
    Aeblir iluminaba la tierra como si la última hora nunca hubiera existido. El primogénito de Ulcus continuaba su viaje hacia el este con su hermano menor semioculto tras su brillante estela, recordándole que el tiempo avanzaba y que sus enemigos le llevaban una gran ventaja. Mientras él se aseguraba el control de Maindûr y recordaba poco a poco, el Korceler se encontraba en algún lugar, y aprendía, y se volvía poderoso. Tenía que dar con él antes de que consiguiera reunir a sus aliados. Y no sabía por dónde empezar la búsqueda.
    Eso le llenaba de cólera, que deseaba descargar contra alguien, quien fuera.
   Nonurg esperó su respuesta en silencio. Sentía curiosidad, así como enormes deseos de ponerse en movimiento, había pasado demasiado tiempo inactivo, recluido en las antiguas estancias de Berindei, despojado de su cuerpo, obligado a existir como una mera conciencia en mitad de una nada infinita. Pero el exilio le había enseñado a ser paciente, y nada en su postura daba muestras de su agitación interior. Miraba al nigromante con serenidad y un brillo de curiosidad en los ojos, la testa apenas ladeada y las narinas humeantes, dando una falsa impresión de docilidad. Parecía la mascota más grande del mundo, sentada a los pies de su amo y mirándolo con adoración. Pero no había nacido para servir a ningún amo, a ninguno que fuera mortal, en todo caso. El conjuro que el nigromante había rescatado de aquel libro robado había modificado temporalmente este hecho, pero no podía cambiar la naturaleza de los Darok. Y Nonurg no dudaría en volverse contra el N'Ögard, a pesar de la deuda que había contraído con él, si dejaba de ser digno de ser llamado Señor.
    Frais era consciente de este hecho. Procuró controlar su ira. Recompuso su expresión. Los sollozos apagados del ladrón le recordaron que él era el N'Ögard, un ser casi divino, muy por encima de las debilidades humanas. Recuperó su aura de poder y de seguridad en sí mismo.
   —Algo me impulsó a llegar a esta ciudad —respondió por fin sin mirar al dragón—. Presumo que el Korceler no se encuentra lejos de esta parte del mundo. Rastrea cada palmo de Samura Dalnu, indaga, busca, encuentra su rastro, y vuelve luego a informarme.
    El dragón hizo una reverencia, pero el Mago Oscuro no lo vio. Su mirada se había posado en el hombre flaco envuelto en su capa raída. Esbozó una sonrisa de lunático y le señaló con un dedo.
    —Tú —dijo en voz alta, y Vosloora se encogió de miedo. El nigromante lanzó una carcajada que paralizó al pobre hombre y le heló la sangre en las venas—. Debería fulminarte ahí mismo, pues odio la cobardía tanto como ver a un niño riendo alegremente —continuó con voz serena, casi jovial—, y tus temblores delatan tu miedo, haciéndote lucir patético. Detesto el miedo, propio de ratones, ¿es eso lo que eres, ladrón?
    Vosloora cerró los ojos, seguro de que cuando los abriera podría ver las puntas de las botas del hechicero y las junturas de las baldosas del suelo bajo su nariz. Sólo esperaba que la transformación no fuera en exceso dolorosa.
    —Sin embargo me has servido bien, ladrón, así que voy a perdonarte la vida.
    —Sois benévolo, mi señor —tartamudeó Vosloora, que había descubierto que continuaba teniendo forma humana. No era capaz de pensar con calma. La visión de los Onii Darok podía llegar a enloquecer a un hombre.
    Pensó por un segundo que Rodan Frais no era un hombre. O eso, o estaba totalmente enajenado.
    —También te daré tu recompensa, pues me siento de muy buen humor esta mañana —continuó el hechicero, exhibiendo su enigmática sonrisa—. Conozco tu precio; toma lo que desees, hoy me siento en verdad generoso.
    Vosloora miró a su alrededor con menos deseo del que cabía esperar de alguien de su clase. De pronto, sentía que todo el oro del mundo no podía satisfacerle tanto como una respuesta. Mas no se atrevía a preguntarle a Frais, pues valoraba su mísera vida.
    El nigromante le vio dudar.
    —¿Acaso no hay nada en este lugar que atraiga tu atención? —preguntó, extrañado. Poseía tesoros de incalculable valor; cualquier otro habría señalado ya hacia algún arcón—. ¿No hay nada que satisfaga tu codicia, ladrón? Otros como tú ya habrían elegido su recompensa. ¿O tal vez dudas porque piensas que mereces más de lo que te atreves a coger? Has hecho un buen trabajo, ningún precio será demasiado alto en esta ocasión. Adelante, cobra lo que es tuyo.
  Vosloora avanzó como empujado por algo o por alguien hacia un cofre que rebosaba de objetos de oro y piedras preciosas. Frais sonrió. Baratijas, todas ellas, podía prescindir de ésas y de muchas otras. Vosloora extendió el brazo, aunque no había pretendido hacerlo, y señaló...
    —Bien —dijo Frais, mirando al Darok con complicidad.
    Sobre una mesa había una bola de cristal. No era más grande que el puño de un niño y no parecía gran cosa, pero el dedo extendido de Vosloora la señaló con decisión.
   La sonrisa de Frais vaciló cuando se volvió hacia el ladrón. La Ventana del Tiempo, el Ojo que todo lo veía. Había olvidado su existencia. Se esforzó en mantener una sonrisa amable.
   —No creo que quieras llevarte eso, ladrón —dijo, con fingida jovialidad y falsa camaradería—, no vale gran cosa.
    La frente de Vosloora se había perlado de sudor. Le costó hablar, pero lo consiguió.
    —Habéis dicho que podía elegir yo mismo mi recompensa —fue lo que dijo—. Mi señor, esto es lo que deseo llevarme.
    Frais carraspeó. En verdad se sentía muy satisfecho del trabajo que el ladrón había hecho para él. Había prometido darle cuanto deseara llevarse. No había puesto un límite a la recompensa, ni había enumerado los objetos que no debían ser tocados. Pero de ahí a entregarle el Ojo de Amunik...
    —Esa bola está estropeada —dijo; esto era cierto—. No verás nada en ella. Yo no la consideraría un tesoro.
   Llegó hasta el hombre y le tocó la mejilla, obligándole así a mirar hacia otro lado. Vosloora parpadeó, sintió que era liberado de algún hechizo y fijó sus ojos en el arcón repleto de cosas maravillosas.
    —Hermosas joyas para agradar a hermosas mujeres —trató de convencerle—, ¿no es acaso lo que tu corazón desea?
    —Sí, mi señor —dijo Vosloora, aturdido.
    —Bien.
    Frais se apartó unos pasos y señaló el cofre con su brazo extendido.
    —Tómalo, pues —le invitó—. Te lo has ganado.
    La cabeza del ladrón, liberada de la presión de la mano del hechicero, se volvió de nuevo hacia el Ojo de Amunik. Extendió su brazo hacia la mesa, cerró la mano en torno a la bola... y su tacto era suave, como si no estuviera hecha de frío cristal, como si estuviera viva. Y era cálida, y le hipnotizaba.
    Frais le miró, porque le extrañaba que tardara tanto en acercarse a recoger su premio, y un alarido pugnó por abrirse paso desde su garganta.
    Como alertado por ese grito que no llegó a producirse, Vosloora dudó antes de levantar la bola. Lo que vio en la expresión del nigromante le paralizó. Moriría por su osadía, ¿en qué estaba pensando? ¿Por qué se había empeñado en tener aquella cosa? Tembló.
    Frais se acercó a él de nuevo. Su expresión distaba de ser amable.
    Entonces el Darok habló.
   —Dale su recompensa —dijo, y Frais se detuvo en seco al oir su voz—. Después de todo, no funciona, ¿no es cierto?
    El hechicero forzó una sonrisa. De pronto, había perdido el buen humor.
   —El caso es que no funciona —dijo—, mas veo que nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión. No eres muy bueno como tasador. El trabajo que has hecho vale mucho más que ese trasto inútil.
    —Es lo que deseo para mí, señor —fue capaz de decir Vosloora, aunque sentía que sus palabras no salían de su boca. Al menos, él no había pretendido decir aquellas palabras.
    Frais recompuso la expresión de su rostro y sonrió al hombre.
   —El código de honor de los ladrones obliga a éstos a cumplir su palabra —dijo, con desgana—, y yo cumpliré la mía, a pesar de que soy un ladrón diferente a ti, y me mueven otros motivos. Siempre le doy a cada cual lo que se merece, y tú me has servido bien. Adelante, cógela.
   El hombre flaco no se atrevió a responder. Había tenido mucha suerte hasta ese momento, y no deseaba tentarla. Cogió su premio sin ser consciente de haberlo hecho y miró hacia la puerta, preguntándose si se le permitiría cruzarla.
    Echó a andar, pero la voz del Mago Oscuro le detuvo. El ladrón volvió a temblar.
    —Aún tengo necesidad de tus servicios, ladrón.
    A Vosloora le costó hablar esta vez.
    —¿...Mi señor?
    Frais se le aproximó.
   —Este libro que me has traído —dijo, con aire pretendidamente pensativo— es importante para mí, como has podido observar —señaló al dragón con una mano—. Pero aún me falta otro, más especial aún que éste, para poder... digamos, para poder llevar a cabo mi tarea. Tráemelo.
    —¿Mi señor? —repitió Vosloora; tenía la garganta seca—. ¿Deseáis otro libro?
    Frunció el ceño. No era eso lo que le había prometido. Robar un libro, sí, y más tarde... el reto que el ladrón había esperado toda su vida. El nigromante ni siquiera le había dicho el nombre de ese tesoro que era único en el mundo, y Vosloora no se atrevía a preguntárselo.
   —Adivino tus pensamientos, ladrón —sonrió Frais de forma condescendiente—. ¿Qué tiene de especial un libro? Un libro no es algo único. Pero éste que ahora quiero lo es, en cierta forma. Cuando lo tenga en mis manos, podrás volver a Räel Polita en busca de ese gran tesoro del que te hablé. Mas no podrás obtenerlo mientras no sepamos su localización, ni te enviaré en su busca hasta que no tenga en mis manos... —se interrumpió, miró al dragón un instante y volvió a sonreír— lo que mis nuevos amigos y sirvientes han de encontrar para mí. Había pensado encargarle a otro esta nueva tarea, pero tú conoces bien los Archivos, ¿no es cierto? Alguien como tú sabrá encontrar el libro que necesito.
    Vosloora carraspeó.
    —¿Os referís a uno de los Libros Prohibidos? —se atrevió a preguntar.
    Frais clavó en él sus ojos fríos y despiadados.
    —Libros Prohibidos —repitió con desdén—. Así los llaman. Esos estúpidos reyezuelos. Poseen un tesoro que no valoran ni sabrían utilizar. Me asombra que no los hayan destruido aún.
    —Ningún ladrón los ha encontrado —le recordó el hombre.
   —Eso es cierto —asintió el nigromante, más calmado de lo que Vosloora habría esperado—. Mas no te inquietes, esos libros existen. Prohibidos, los llaman. Sagrados, eso es lo que son. Y yo los deseo. Uno en particular.
    —Y queréis que yo encuentre ese libro para vos.
    La sonrisa de Frais se hizo más amplia.
   —Ahora comprendo por qué continúas vivo, ladrón, y a mi servicio. Eres más despierto que la mayoría, entiendes mis necesidades y acatas las órdenes sin protestar.
    Vosloora inclinó la cabeza. Miró al suelo, pues no soportaba mirar el rostro de aquel lunático: su visión era tan aterradora como la de los Dragones Negros; podía mostrarse atractivo, amable y benevolente, pero escondía un monstruo tras esa sonrisa cordial con la que se ganaba al pueblo. Vosloora le detestaba tanto como le temía. Sus ojos se encontraron con la bola de cristal, que descansaba entre sus dos manos cerradas alrededor de ella de forma protectora. Era una sensación extraña, pero el simple hecho de tocarla le hacía sentirse protegido, como si fuera él y no la bola el que pudiera romperse en mil pedazos, como si fuera la bola de cristal la que cuidaría de que él no se quebrara, y no al contrario.
   —Habéis invocado a los Dragones Negros —dijo con voz ronca. Estaba tentando demasiado a la suerte. Pero no podía mantener la boca cerrada. Era como si alguien a quien no podía ver le obligara a hablar—. ¿Qué más podríais desear, mi señor? ¿Qué más os pueden proporcionar otros libros?
    La sonrisa se borró del rostro del Mago Oscuro.
    —Eso no te interesa —dijo sin amabilidad.
   Vosloora clavó el mentón en su pecho y decidió que había llegado el momento de despedirse.
   —Pero eres listo, ladrón, como te acabo de decir. Podrás imaginártelo —Frais hizo una pausa, para luego añadir —. Y, dentro de poco tiempo, lo verás con tus propios ojos.
   —La Guerra —aventuró el hombre flaco, deteniendo sus pasos de nuevo—. Pretendéis invocar a alguna otra criatura, más poderosa que los Dragones Negros, para iniciar una guerra.
    El hechicero lanzó una carcajada.
    —No llegas muy lejos, ¿será que no tienes imaginación? Y, sin embargo, te acercas un poco a la verdad. Ah —suspiró—, la guerra. La guerra trae muerte y dolor, y a veces nada se gana con ella. La guerra sólo es el comienzo. Al invocar a los Onii Darok he iniciado algo que no se detendrá. Guerra. Muerte. Destrucción —enumeró, haciendo pausas dramáticas que pareció saborear—. Venganza. Y, por fin, la victoria y la conquista total. El fin se acerca, pronto llegará el inicio de una nueva era. Lograré lo que mi predecesor no consiguió. Y todos aquellos que estén a mi lado vivirán, y tendrán cuanto han soñado toda su vida, mientras que nada quedará de los que se opongan a mí, ni serán recordados en los siglos venideros.
   —Me alegra estar en el bando correcto —balbuceó Vosloora, quien pensaba que su anterior apreciación no era del todo correcta: aquel hombre no estaba loco. No. Era algo mucho peor que la locura.
    Frais volvió a sonreír.
    —Sabía que podía contar contigo —dijo.
   —Ya estoy deseando recuperar para vos ese tesoro único del que me hablasteis —dijo el ladrón, esperando que el nigromante le diera alguna pista sobre ello.
    Frais le miró con intensidad durante unos minutos que a Vosloora se le antojaron eternos. El Mago Oscuro trataba de ver en el interior de aquel hombre flaco y poco agraciado. El ladrón intentaba mantener su expresión de interés y servilismo. Resultó una batalla dura. El nigromante se metió las manos en los bolsillos de su túnica negra y se acercó al dragón, que seguía su conversación sin perderse una palabra. Fue un alivio para el hombre cuando aquellos ojos sin vida se apartaron de él. Le pareció que se había liberado de una pesada carga.
   —Hermosa criatura —suspiró Frais, acariciando el pescuezo del dragón, que se dejó hacer, sumiso como un cachorro domesticado—. Poderoso. Leal. Letal.
    Se volvió hacia el ladrón. Tenía una mano cerrada en torno a algo que le había sustraído al Darok.
   —Ellos tienen una misión, igual que tú. Ellos buscarán una llave, y tú buscarás otra. Ellos, al Korceler; tú, el libro. No olvides su título: Lliure a'Nimm draait. Cuando lo tenga en mi poder, mi Señor regresará, y todo Thèramon será nuestro. Podrás ir a donde desees, hacer lo que siempre has soñado, tendrás riquezas y placeres propios de un dios, serás inmortal.
    —Eso suena —dudó Vosloora, esforzándose en buscar las palabras que sonaran más convincentes— más que tentador, mi señor. No olvidaré el título de ese libro.
    —Tráemelo —ordenó el nigromante, y le dio la espalda.
    —Os lo traeré —prometió Vosloora, e hizo una reverencia.
    Frais agitó una mano en el aire, y detrás de él la doble puerta se abrió con un chasquido. El ladrón decidió que se le estaba ordenando marcharse. No sintió el suelo bajo sus pies en su urgencia por salir.
    —Ladrón —llamó Frais, justo cuando Vosloora estaba a punto de traspasar el umbral.
    El corazón del hombre inició una loca carrera. Su frente se cubrió de sudor frío. Le venció el pánico.
   —No deseo que te marches con las manos vacías —el nigromante se acercó a él con el brazo extendido—. Ya que has elegido una bagatela como pago por tus servicios, permite que te entregue algo que sí tiene un gran valor.
    Abrió la mano y el ladrón vio sobre su palma una cosa negra de forma triangular. También se fijó en que el nigromante carecía de líneas en sus palmas, detalle que le alarmó y le intimidó por igual. Sólo entonces se percató de que no tenía la bola de cristal en sus manos. Se palpó el bolsillo de su capa, nervioso. El bulto bajo la tela le reconfortó. El hechicero continuaba hablando.
    —Escama de Darok —decía—, poderosa, un regalo de Nonurg. Llévala siempre contigo. Te ayudará en tu misión y te protegerá.
    Vosloora no se atrevió a negarse. Tenía la mano izquierda metida en el bolsillo y aferraba la bola de cristal como si se tratara del objeto más valioso del mundo. Con su otra mano, temblorosa, se apoderó de la escama negra y reprimió una mueca de repulsión. Era fría al tacto, y pesaba mucho más que la bola de cristal. No le gustó, pero el temor a enojarle le obligó a inclinar la cabeza a modo de agradecimiento.
   —Debes partir enseguida —le recomendó Frais—. No hay motivos para retrasar la victoria.
    —Como ordenéis, mi señor.
    —Sé que no me decepcionarás. Ahora déjanos.
    La puerta se cerró a espaldas del ladrón, quien echó a correr escaleras abajo como si de pronto le hubieran salido alas en los pies.
   Frais se acercó a una mesa llena de cachivaches y los arrojó al suelo de un manotazo, mientras gruñía en voz alta y maldecía en un lenguaje arcano. Sus ojos llameantes podrían haber incendiado la puerta cerrada, a la que miraba lleno de furia. ¿Cómo había podido olvidarse de la Ventana del Tiempo? Ese maldito ladrón se lo había llevado, y era un objeto tan valioso...
    —A ti no te servía —Nonurg le devolvió a la realidad—. Ese hombre se ha llevado un cristal, tan sólo eso. Tú has dicho que no funcionaba. Si tu poder no ha logrado despertar al Ojo, ¿crees acaso que un simple mortal con el corazón lleno de miedo podrá conseguir ver algo en su interior? Olvídalo, no tiene importancia.
    Frais no quería olvidarlo. Esa bola de aspecto insignificante era un objeto único en el mundo. Algo le había impelido a apoderarse de ella. ¿Debía pensar que su intuición le engañaba a veces?
    Llegó hasta el dragón y le acarició el pescuezo. Bien, no todo estaba perdido. El ladrón había aceptado la escama del Darok. Entornó los párpados y susurró:
    —Bien, mi fiel ladrón, pronto averiguaremos si eres tan leal como tratas de aparentar.
   —Has elegido a un hombre cobarde —dijo el Darok sobre su cabeza— para una misión tan importante.
    Frais se apartó de la criatura para poder mirarla a los ojos.
    —He elegido al mejor en su profesión —le explicó—. Cobarde o no, es el único capaz de encontrar ese libro y regresar con él.
   —No dudo de que lo encontrará. Pero es un hombre débil —dijo Nonurg quien, como todos los Onii Darok, podía captar los más bajos sentimientos de los hombres.
   —Y sin embargo es fuerte —le contradijo Frais, y se quedó unos segundos pensativo—. Su postura servil, casi aduladora... No sé qué creer. Me ha resultado difícil ver en su interior.
    —Solamente es un dizseiim, no hay Magia dentro de él.
    —No obstante, parece tocado por alguna clase de Magia. Es un libro cerrado para mí.
    —Es codicioso, mas no de riquezas.
    —¿Qué podría desear un ladrón, sino riquezas y tesoros?
    Nonurg inclinó un poco su enorme cabeza.
   —Hay una puerta sellada en su corazón —dijo—, y dentro guarda algo valioso e importante.
    Frais hizo un gesto de desdén con la mano. Los secretos íntimos del hombre no le interesaban tanto como su pretendida lealtad.
    —¿Traerá el libro?
    Nonurg chasqueó la lengua.
    —El poder de la escama que le has dado le obligará a hacerlo —dijo—, si resultara ser un hombre indigno de confianza. Te ayudará en tu misión y te protegerá...
    Miró al hechicero de forma interrogante y algo divertida. Frais esbozó una sonrisa.
    —Eso le he dicho.
    —Pero no le has dicho eso —adivinó el Darok.
    Frais rió.
   —Poderosa criatura, ha sido una suerte conseguir este libro —suspiró, recuperado el buen humor—. El Korceler será mío antes de lo que esperaba.
    La escama negra te obligará a seguir adelante y te protegerá de ti mismo, así como de las dudas que puedas llegar a albergar. Eso era lo que le había dicho. Aunque no era eso lo que el ladrón había entendido. Nonurg era muy listo. Encontraría rápidamente la pista del Korceler.
    —Sal ahora, tú y los tuyos, husmea el aire y tráeme noticias —le ordenó—. Mata, consígueme poder. Ya sabes lo que tienes que hacer.
    —Sí, amo —respondió Nonurg, con los ojos de nuevo encendidos. Ya podía oler la sangre, ya podía saborearla. Había esperado varios siglos este momento. Abandonó la habitación con un fuerte batir de sus gigantescas alas membranosas.
    El Mago Oscuro permaneció unos minutos pensativo. Por fin, se acercó a una de las múltiples jaulas, la abrió y cogió entre sus manos a un cuervo negro medio desplumado. Le apretó un poco el pescuezo, y se lo acercó a la cara. El ave se retorció y se sacudió en vano.
    —¿Aún recuerdas lo que es ser humano, pequeño traidor? —le preguntó al cuervo con una sonrisa de falsa camaradería—. Ésta es tu oportunidad de redimirte. Sigue a ese ladrón, infórmame de sus pasos, yo estoy ahora muy ocupado para preocuparme por él. Haz bien tu trabajo, y recuperarás tu forma original.
    Soltó al cuervo y éste revoloteó hasta posarse en el alféizar de la ventana abierta. Desde allí, le miró de una forma casi humana.
    —Recupera el Ojo de Amunik —ordenó Frais.
    El ave movió la cabeza, como si asintiera.
    —Si me fallas, no tendré piedad contigo —advirtió el hechicero.
    El cuervo alzó el vuelo con la misma rapidez con que Vosloora había corrido hasta la puerta. Frais regresó a la alfombra y al atril, y allí volvió a abrir el libro y permaneció largo rato leyendo."

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Por Susana © Registrado por Bea Magaña

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