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diseño de Susana Escarabajal Magaña

sábado, 5 de noviembre de 2011

En busca de la esperanza.

Ah, noviembre, cargado de lluvia, frío, oscuro, heraldo de la tristeza, que traes bajones anímicos y ganas de quedarse en la cama soñando con días cálidos y alegres, llegas sin cambios, sin novedades que me alegren el alma, sin noticias que me devuelvan la ilusión. Recuerdo un tiempo (muy lejano, cierto) en que la tristeza no era un obstáculo para mis Musas, en que la lluvia nos inspiraba, en el que no importaba que mi única compañía fueran un gato negro y un unicornio plateado, porque las palabras siempre estaban presentes, haciéndome olvidar la soledad. Algunos días me cuesta encontrar a mis Musas. Siempre tengo los pensamientos puestos en un futuro que desearía que ocurriera mañana. Y aunque no tengo verdaderos motivos para sentirme triste, sigo sufriendo esos extraños ataques de tristeza que me sumen en el silencio. Pero no me rindo, sigo intentándolo cada día, quiero creer que soy una mujer valiente, como mis Mazome. Y tarde o temprano las Musas regresan, porque con el paso de los años he aprendido a no perder la esperanza.
Todos los sueños se cumplen. Debo aprender a ser paciente. Amo, y creo. Y a pesar de que el Cosmos parece empeñado en ponérmelo difícil, sigo confiando, porque amo. La esperanza es más poderosa que la tristeza.
Y por eso nunca pierdo del todo la sonrisa.

En la entrada anterior vimos al hombre oscuro en lo alto de la Torre de Mahor, recitando un conjuro que consiguió rescatar del exilio a los terribles Onii Darok, los Dragones Negros. También conocimos a Bruno Vosloora, el ladrón que consiguió sustraer un peligroso libro de los Archivos de Räel Polita, la Ciudad de los Reyes. Pero ¿qué fue de Dayna? La última vez que supimos de ella, se hallaba en el Mirador, junto a tres jóvenes Mazome, y ocurrió algo horrible. Ahora que he aprendido a poner enlaces, os dejo el que os llevará hasta ese relato: El extraño que llegó del desierto (II), y el que os llevará hasta la primera parte de El libro que despertó al Mal.  Entre ambos capítulos ha pasado un año. Hoy os traigo de nuevo a las Drin Mazome, pues la historia de Dayna está ligada a la del ladrón, y su aventura comienza el mismo día que los Darok regresan a Thèramon.
Espero que disfrutéis de la lectura.

© Bea Magaña.  (Reservados todos los derechos)

El libro que despertó al Mal (II)

"Ledan entró corriendo en la choza gritando el nombre de Dayna; la guerrera se puso en pie y se giró hacia la recién llegada sin demostrar sorpresa alguna. Había estado esperando este momento. Por fin alguien venía a buscarla, a acusarla. Porque ella lo había sabido, y no había hecho nada para impedirlo.
    Se llevó una sorpresa cuando se fijó en la joven mujer. Solamente había transcurrido un año desde aquel extraño episodio ocurrido cerca del Paso de Sheim, pero Ledan parecía haber envejecido una década desde entonces. Dayna tuvo la certeza de que la joven guerrera sufriría un colapso allí mismo, y se adelantó para sujetarla antes de que se precipitara al suelo. Ledan respiraba con trabajo, dando la impresión de haber venido corriendo desde Sàaräni-Erye, y no desde unos cuantos metros más allá. Tenía el rostro pálido y las mejillas coloreadas, y sus ojos miraban como los de un caballo aterrado, opacos y desorbitados. Dayna la ayudó a tomar asiento y después se acuclilló frente a ella.
   —Cálmate, muchacha —le ordenó—. Si has venido a darme un recado, no lograrás hacerte entender mientras no recuperes el aliento. Y si has decidido morir de extenuación, has elegido un mal lugar y un pésimo momento. Aeblir ha desaparecido, tu alma no sabrá encontrar el camino sin la luz guía.
    Ledan la miró un momento más con sus ojos de caballo despavorido, y por fin se abalanzó sobre ella, escondió el rostro en su pecho y lloró.
    Dayna acarició el cabello de la joven, advirtiendo no por primera vez las numerosas hebras blancas que lo surcaban, y le susurró palabras de ánimo y de consuelo, mientras la muchacha se desahogaba. Había pasado un año terrible. Primero, su hermana Lane, que había enloquecido de repente y se había convertido en una anciana inútil y silenciosa con tan sólo dieciséis años; y después el parto, y aquella criatura repugnante que afortunadamente no había sobrevivido.
    —No te importe llorar, Ledan, valiente muchacha —susurró la mujer, mientras la mecía en sus brazos—. Sólo yo te estoy viendo. Llora si lo necesitas, no perderás el valor por derramar unas cuantas lágrimas.
   La joven se desahogó y por fin pareció recobrar la compostura. Seguía siendo bonita, aunque envejecida. Dayna se maravillaba de que aún conservara la cordura, después de haber dado a luz a aquella abominación. Le ofreció un trago de kirsch y la joven pareció serenarse. Tosió un par de veces, y recuperó el color.
    —¿Es esto lo que bebes cuando te sientes decaída? —casi bromeó.
   Dayna asintió. El kirsch era una aguardiente de cerezas fermentadas, bastante fuerte que sabía como un veneno para matar jabalíes y ardía en el estómago como mil soles, pero despejaba los sentidos. La muchacha esbozó una débil sonrisa.
    —Se ve que no te importa morir joven.
    —Ya no soy joven —dijo Dayna, y correspondió a la muchacha con una sonrisa falta de humor.
    Ledan tomó aire y cerró los ojos.
    Ahora es cuando va a darme la mala noticia, pensó la mujer. Pero esperó en silencio.
    —La Tiara ha mandado llamarte —fue lo que dijo Ledan—. Ordena que me acompañes, ahora mismo.
    Dayna asintió con gravedad. Había llegado el momento. Y ella lo había sabido.
    —Lane quiere hablar contigo —continuó Ledan.
    La mujer abrió mucho los ojos.
    —¿Lane?
    Se le quebró la voz.
   Lane había perdido la razón, así como la capacidad de comunicarse con sus semejantes. En un año no había dado muestras de mejoría. Se mantenía con vida porque sus compañeras no habían dejado que muriera. Pero no podía hacer nada por sí misma. ¿Quería hablar con Dayna? No era posible. Acaso su hermana también había perdido el juicio...
    —Lane te llama —repitió la muchacha, y asintió con la cabeza en un intento por hacer creíbles sus palabras—. Cuando comenzó a hablar, Narayan fue a buscar a la Tiara. Ahora ellas te esperan. Lane ha pedido verte. Tiene un mensaje que darte. 
  —Pero eso es... —Dayna no encontraba palabras. ¿Qué era? ¿Extraordinario? ¿Espantoso? Se puso en pie—. Iré inmediatamente —dijo.
    Ledan se levantó.
    —Tú tenías razón —murmuró.
    Y salió por la puerta sin dar explicaciones. Dayna la siguió.
    La propia Tiara salió a recibirlas. Ledan entró en la cabaña y Dayna permaneció junto a la puerta por orden de la anciana. Hacía mucho tiempo, ésta había tenido un nombre, pero todas lo habían olvidado. Su madre le había cedido el cetro en su lecho de muerte, y desde entonces había liderado a las Drin Mazome siendo la nueva Tiara. Era una mujer severa pero justa que no había olvidado la traición de Dayna ni la había perdonado. La mujer no creía que siguiera siendo Tiara muchos años más; la anciana guerrera ya no era una mujer fuerte.
    —Que los dioses nos ayuden —dijo, y puso una mano arrugada sobre el hombro de Dayna—; mujer, posees el don.
   Señaló con su otra mano hacia el este y Dayna miró, aunque sabía lo que encontraría allí. Era junio, pleno día, y sin embargo Samura Dalnu se había convertido en un país sin sol, y el origen de aquella catástrofe procedía de las ciudades. No podían oir los gritos de los habitantes de Maindûr, pero los presentían. La hora más negra había comenzado.
    —Caravanas de hombres y mujeres huyen de las ciudades y abandonan Samura Dalnu —continuó la Tiara con su voz cascada pero serena—. Ya no les atacamos, aunque les detenemos para exigirles información. Un extraño se ha instalado en Maindûr y se ha adueñado de la ciudad y de sus gentes. Tú sabes quién es ese hombre. Le viste llegar.
    —No es un hombre —murmuró Dayna.
    La Tiara asintió.
   —Hace un año, en el Paso de Sheim —recordó—. Perdimos a dos de nuestras guerreras. Tú lo sabías, y nosotras no quisimos creerte. El oráculo se está cumpliendo. Y yo estoy rogando a los dioses para que nos ayuden a no perder el valor. Estamos demasiado cerca del origen del Mal, y ese hombre oscuro sabe que existimos. Ruego por que no sea demasiado tarde para detenerlo.
    Dayna no supo qué contestar. Pensaba que nadie podría detener al hombre oscuro. Llevaba un año en Samura Dalnu, y era poderoso. Ya era demasiado tarde para hacer otra cosa que huir. Los Samurii Männar lo habían comprendido y habían comenzado a abandonar las ciudades hacía meses. Nadie podría ayudar a las Drin Mazome.
    —Entra, mujer, habla con la muchacha.
    Lane estaba acostada, y su rostro aparecía demacrado y sin color; Dayna tuvo la sensación de que una extraña fiebre la estaba consumiendo. Con ese cuerpo flaco parecía un espectro. Narayan y Ledan la velaban igual que a una moribunda. Dayna se arrodilló junto al lecho, aunque dudaba de que la joven fuera capaz de hablar ni de reconocerla. La Tiara permaneció de pie a sus espaldas.
    —Aquí estoy, Lane —dijo Dayna, y sintió que le temblaba la voz.
    La muchacha abrió los ojos, unos ojos que durante un año habían mirado solamente al vacío, y los clavó en el rostro de la mujer. Dayna supo que la había reconocido. Lane se esforzó por hablar. Dayna tuvo que agacharse para poder oírla.
    —... Rezando a los dioses —dijo la muchacha, y su voz fue la de una criatura muy pequeña y asustada.
    Los ojos de Dayna se anegaron.
    —¿Para que te ayuden a recuperarte? —se animó a preguntar.
    —Para... permitan morir —respondió Lane.
    Dayna ahogó un sollozo.
    —Querida Lane... —susurró.
  —Él vació mi mente después de mostrarme lo que iba a hacer —le costaba hablar, pero su voz sonó audible y espectralmente clara y serena—. Debéis sentir miedo, porque el miedo es lo único que os mantendrá a salvo de la locura. Veréis cosas terribles, y desearéis estar ciegas. Sentiréis el sufrimiento de miles de almas, y desearéis estar muertas.
    Ledan se llevó las manos a la boca. Narayan le rodeó los hombros con un brazo. La Tiara sintió flaquear sus piernas y se apoyó contra la jamba de la puerta. Dayna puso una mano sobre la frente de Lane y acarició su cabello.
   —Él es poderoso y atractivo. Desoid sus mentiras. Quiere robar a los bebés y a las mujeres, matar a los hombres, no sentirá piedad por nadie. Debéis hacerle frente. Muchas moriréis. Morir es mejor que unirse a él. Luchar es mejor que morir.
    —Shhh —cuchicheó Dayna. No quería seguir escuchando.
    —Él busca a su igual. Asolará el mundo en su búsqueda. Necesita la Vara. No podéis detenerle. No debéis entregaros sin luchar. Luchar concederá tiempo a aquéllos que pueden derrotarle.
    Muerte. Destrucción. Todo lo que Dayna había visto en sueños. El hombre oscuro era el portador del Mal. Su corazón se encogió. Rogó a los dioses para que se llevaran a aquella niña que tanto estaba sufriendo.
    —La fuerza es el número —continuó Lane. Su voz sonaba más débil—. Cuatro... amigos... la Vara... Sheim... Magos... la marca.
   —Oh, Lane —suspiró Dayna. Sus lágrimas rodaban por sus mejillas y mojaban la cara de la muchacha. Deseaba que callara; ya apenas podía entenderla.
    —No dejes que siga hablando —pidió Ledan a nadie. Gruesas lágrimas mojaban su rostro.
    Dayna se giró hacia ella.
    Lane alzó la mano, una mano que en un año no se había movido por sí misma, y aferró con fuerza la muñeca de la mujer. Ésta se sobresaltó.
   —El monstruo que nació fue un aviso —dijo Lane con voz apenas audible—. Debiste partir entonces. Pero aún no... demasiado tarde... Me lo ha dicho.
    —¿Cómo?
   —Él... tú le conoces. Él ordena que nos dejes ahora... Sabes hacia dónde. Busca al proscrito... Aquéllos que pueden ayudarnos... Sigue... camino antes recorrido... Ladrón de palabras... te llevará hasta la Vara... Sheim. Lucha con ellos y lucharás con nosotras. Él te reclama. Ve ahora.
   Guardó silencio. Cerró los ojos. La mano que antes apretara la muñeca de la mujer cayó laxa a un lado de su cuerpo tendido.
    Y Dayna no comprendía el mensaje.
    ¿Quién era él?
    Tú le conoces.
    Sintió miedo.
    —Le conoces —murmuró Lane, cuando Dayna había decidido que ya no hablaría más.
    Se agachó de forma que sus labios casi rozaban la mejilla de la joven.
    —¿Te refieres al hombre oscuro? —preguntó en voz baja.
    Lane hizo una mueca de dolor. Dayna se mordió los labios. La muchacha movió los suyos. La mujer acercó su oreja para escuchar las palabras que salían como suspiros.
   —Él habla con la voz de las fuentes y ríe con el rumor de los arroyos. Tú le conoces. Es hermoso y está cargado de bondad. Sólo su poder puede salvarnos. May-tê-addi... su nombre.
    —May-tê-addi —dijo Dayna, levantando la voz sin darse cuenta.
    A sus espaldas, la Tiara se llevó una mano al pecho.
    Dayna vio que Lane trataba de hablar y volvió a acercar la oreja a sus labios.
    —Korceler... —suspiró la muchacha—. Defiende... —dijo, con su último aliento.
    Sus ojos se opacaron y miraron al vacío. Dayna la miró llena de compasión.
    —Querida Lane... —susurró, y con una mano le cerró los ojos.
   Ledan se abrazó a su madre. Tan sólo sus sollozos rompieron el silencio. Dayna se puso en pie y miró a las otras tres mujeres. Había comprendido el mensaje.
    —Que los dioses te muestren el camino, valiente guerrera.
    Se agachó y besó la frente de Lane. Luego besó sus labios y se apartó del lecho.
    Ledan corrió junto a su hermana y lloró sobre su pecho. Después besó su frente y sus labios, como había hecho Dayna, en señal de despedida.
    Dayna se reunió con la Tiara junto a la puerta. Narayan se acercó a ellas.
    —No podremos vencer al hombre oscuro solas, pero lucharemos contra su ejército. Igual que en los viejos tiempos —dijo Dayna—. Yo debo partir. Aquéllos que pueden ayudarnos se encuentran lejos. No puedo deciros más. No sé más.
    La Tiara asintió.
    —Lucharemos mientras nos quede una gota de sangre y un soplo de aliento —prometió Narayan.
    —Sé que lo haréis —dijo Dayna.
    Las dos mujeres se abrazaron y se besaron un instante en los labios. Después, Dayna salió decidida al exterior.
    —Mujer —la llamó la Tiara.
    Dayna se volvió.
    La anciana caminó hasta ella apoyándose en el cetro, la cabeza alta y los ojos brillantes.
    —Alumbraste a un varón concebido al margen de nuestra Ley —dijo—, y le alejaste de nuestra ira y nos impediste hacer justicia.
    —Sí —Dayna no bajó la cabeza.
   —Las profecías siempre son verdaderas —continuó la Tiara—. Sheim volverá para salvar a su pueblo. Encuéntrale, y protégele como hiciste antes.
    Dayna sintió lágrimas de alivio y de gratitud. Por fin la Tiara la había perdonado.
    —Que los dioses te guíen en tu camino —se despidió la anciana, y le abrió sus brazos.
    —Que los dioses os protejan —dijo Dayna cuando se separó de ella.
    Corrió a su cabaña, cogió sus armas y se preparó para un largo viaje. A media tarde montó en su yegua y salió de la aldea. Galopaba en busca de la esperanza."




16 comentarios:

  1. Por fin!!! por fin estoy empezando a leer las historias de Theramon, sin preguntarme ¿que era un Korceler? Y eso me encanta, porque le saco todo el jugo a esta historia maravillosa. Me está encantando. Ya me siento plenamente familiarizada con cada personaje y ahora me mantengo a la espera de más. Dayna está apunto de conocer a su hijo y de que todo el pueblo de las mujeres guerreras, le hagan frente al malvado nigromante.
    No me mates pero... "bendita tristeza que alimenta a tus musas y te hace escribirnos más historias de Theramon" Un besazooo!!!

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  2. Ahh, que me olvidaba! Me parece que has tenido una idea estupenda poniendonos en antecedentes, antes del relato. A mi por lo menos, me ayudó mucho xd. Besotes.

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  3. Gracias, mi reicaal, me alegra que te haya gustado este nuevo capítulo. Tu curiosidad y entusiasmo han conseguido revivir esta historia que llevaba diez años esperando a ser conocida.
    Que los dioses te guarden, y que te mantengan siempre a mi lado.
    Te quiero mucho, pequeñaja!

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  4. Genial nuevas historias, que van metiendote la historia mas adentro para que cada vez cueste mas esperar la siguiente entrega. Animos Musas que nos encanta la historia y queremos conocerla entera.

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  5. Gracias por pasarte, Ana, si te ha gustado este capítulo, ya he conseguido mi propósito. Habrá muchos más, prometido. Historias antiguas, historias nuevas, si las Musas quieren, siempre que haya compañeros de viaje con ganas de seguir leyendo.
    Océanos de amor, Ana. Te quiero mucho!

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  6. ¡Hola Bea! Entiendo lo que quieres decir con la lluvia, la tristeza y la deserción de las Musas, pero parece que has vencido esa realidad. ¡Te ha quedado espectacular! Realmente dan ganas de saber más y si te digo la verdad tengo muchísimas preguntas: ¿Dayna va en busca de su hijo? ¿En un chico bueno? ¿Y el ladrón que lo concibió? ¿Tendrá más papel? ¿De dónde viene el señor del mal? ¿Qué tipo de hechizo hizo?... ¡Hay tantas! Así que quiero que sigas escribiendo para responderlas todas.
    ¡Un beso muy fuerte!

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  7. Querida Pat, mi sonrisa diaria, todas tus preguntas tienen respuesta, y afortunadamente esta historia ya está escrita, lo que estoy haciendo con ella no es crear de la nada, sino retocar, eliminar párrafos repetitivos y actualizar datos sobre Thèramon, pues muchas cosas han cambiado (o mejor decir que se me han revelado) a lo largo del último año.
    Creo que escribiré una entrada explicando algo más de esta Historia de Thèramon, pero las respuestas a tus preguntas tendrás que ir descubriéndolas en los siguientes capítulos. Tenemos historia para rato.
    Es una satisfacción comprobar que está gustando.
    Gracias por pasarte Pat, y por dejar huella de tu paso.
    Muchos besos, y mi sonrisa, porque tú siempre me recuerdas que no debo perderla.

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  8. Hola regreso ligero de equiapje a tu hermosa casa, aquí me quedo,muy agradecido, pasa buen día, besos truhanes...

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  9. Gracias por volver, don vito, Thèramon te recibe con los brazos abiertos, y espero que mis palabras te ayuden a encontrar el verso número quince, ya sabes el del sentimiento hermoso.

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  10. Vuelvo a rescatar de mi muro el comentario de Cleo, que no puede dejarlo aquí desde su móvil:
    Cleopatra Smith Yo siempre he pensado, que los escritos más bellos han salido de la tristeza, pero tu no debes de estarlo, no, tienes un don, fijate si no en ese relato que nos has dejado, cuantos vamos a disfrutar , sonar y sonreir con el ...No solo eres genial, si no alguien que se hace de querer. Feliz finde y cuidate. Ah! Yo he bebido kirsch...y uff, está bueno... 8)

    Cleo, muchísimas gracias por dejarme tan lindas palabras. Besos, darling.

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  11. Por todos los dioses de Thèramon, Bea, cada relato es una nueva sorpresa. Me ha encantado éste no sólo porque nos permite saber algo más sobre Dayna, sino porque supone el inicio de algo más grande...una aventura que promete estar llena de momentos oscuros y velas que se encenderán en la oscuridad.
    Me encanta porque supone que en algún momento vamos a conocer la historia de ese hijo perdido, vamos a saber más sobre el hombre oscuro, asistiremos a la lucha por sobrevivir y salvar ese mundo maravilloso que has creado...
    Gracias, querida Bea, por un nuevo episodio tan inspirador y maravilloso.
    Un saludo y un beso!

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  12. Aunque estemos en noviembre, tus musas no se dan un respiro, Bea. Atrapado en tu mundo y su épica, las lecturas de fragmentos animan a leer más, pero estoy deseando leerme la historia de un tirón. Ánimo y un saludo!

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  13. Benditas las musas que consiguen que escribas estas historias tan buenas y con tanta profundidad, siento que Dayna me gusta cada vez más y yo me uno a los que quieren saber más de ese hijo perdido ^^

    Gracias por traernos a Théramon porque desde mi humilde opinión, tiene mucho encanto.

    ¿Todas estas historias irían unidas en un futuro libro que podamos comprar y tener en nuestras manos?

    Saludos!

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  14. Ah, no te desanimes porque el animo es lo único que tenemos y que nos es propio, y además, que no se diga que una mujer con alma de guerrera y aventurera se entristece!

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  15. Impresionada me tienes con lo que estoy viendo Bea. Realmente impresionada, por todo.
    Un abrazo, voy a seguir mirando, me queda todo Thèramon por conocer!

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  16. Silvia, me has alegrado el día con tus palabras, un millón de gracias!!

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Por Susana © Registrado por Bea Magaña

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