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diseño de Susana Escarabajal Magaña

miércoles, 8 de febrero de 2012

La peor de las batallas

La peor batalla que libraremos jamás es también la única que no podremos eludir; la única que nadie puede librar por nosotros; la que ocurrirá, queramos o no, en algún momento de nuestra vida.
La peor batalla es aquélla en la que deberemos luchar contra nosotros mismos.

¿Nos rendiremos ante el poder de la escama de Darok, o abrazaremos el Poder del Blanco?

Si no sabes de qué hablo, lee el capítulo que te dejo hoy, y los que le seguirán a partir de ahora, durante unas semanas (si la Musa no cambia de opinión, claro, tú pásate por aquí de vez en cuando, por si acaso); la batalla del ladrón ha comenzado, y el precio es su alma. 
De mi propia batalla te hablaré en otro momento, hoy necesito un poco de eso que llaman "el descanso del guerrero".

Por si sientes curiosidad: he salido vencedora.

***********

© Bea Magaña (Reservados todos los derechos)

Entre ladrones de los mares (I)

"Tres días después de la aparición de los Dragones Negros, descansado aunque no recuperado del horror que había presenciado, Bruno Vosloora se hallaba de pie en el centro de su dormitorio despidiéndose de todas sus pertenencias y de sus riquezas.
    Se había vestido de negro, pantalón, camisa y botas de suela fina, y una capa oscura, su indumentaria de ladrón. Armado con una faca y un puñado de dardos tratados con un veneno no letal en la punta, estaba preparado para emprender su viaje de regreso a Räel Polita. Llevaba una bolsa de piel con joyas y monedas de oro que raras veces utilizaba, porque los ladrones pocas veces pagaban por aquello que deseaban. En un bolsillo oculto de la camisa guardó la bola de cristal que había obtenido en la Torre de Mahor.
   Cerró su casa, se preguntó cuánto tiempo tardarían los ladrones en saquearla durante su ausencia, y se dijo que no le importaba, ya que no pensaba volver. Montó en su caballo y desapareció en la noche sin despedirse de nadie. Así era como los ladrones hacían las cosas, en silencio y amparados por la oscuridad. No avisó al Mago Oscuro de su partida, y no dudó de que Frais estaba al corriente, pues conocía todo cuanto sucedía en su ciudad.
    Dirección norte al galope, hasta que llegó a la ciudad más cercana, Mercadûr, donde buscó alojamiento para pasar un día completo. A Vosloora le gustaba la comodidad, y podía permitirse pagar por una habitación, sábanas limpias y una copiosa comida. Ya llegaría el momento en que tendría que dormir al raso, pues no encontraría posadas una vez que hubiera dejado atrás la última ciudad habitada de Samura Dalnu. Pretendía tomarse con calma aquel viaje, que podía durar dos meses; menos, si evitaba detenerse a menudo, y dependía también del camino que eligiera. Tenía una misión que cumplir, y presumía que era urgente; no obstante, no se sentía muy dispuesto a llevarla a cabo. No pensaba llegar a Minroq Dalnu antes del mes de agosto.
    Encontró habitación en la mejor posada de Mercadûr, cenó cuanto quiso y bebió con moderación, y pasó la noche solo, pensando más que durmiendo.
   ¿Qué podía desear un hombre como él?, se había preguntado durante los tres últimos días, tumbado en su cama, en la cama de alguna mujer o sentado junto al mostrador de una sucia taberna, regalándose con un solomillo y una buena cerveza hecha en la ciudad, los ojos fijos en los soldados de Frais que llenaban cada rincón. Tenía cuanto deseaba. Sin necesidad de que un lunático con poderes oscuros se dedicara a destruir el mundo y a conquistar después lo que quedara de él. ¿Poder? ¿Para qué quería poder, si su vida era robar? No porque fuera un hombre codicioso, sino porque había nacido ladrón, y robar era lo único que sabía hacer.
    Durmió todo el día, y desapareció en la noche. Cabalgó veloz como el viento y se detuvo al llegar a Dûrmater. Cenó en una taberna y bebió durante un largo rato antes de irse a acostar.
    ¿Mujeres?, se preguntaba, recordando la promesa de Frais. Ya no era un hombre atractivo, pero aún podía tener a la mujer que deseara, pues era rico. Sin necesidad de que Frais cambiara las cosas y lo volviera todo del revés.
    Cabalgó de noche, y se hospedó en cada una de las ciudades que encontraba a su paso, pues no estaba muy seguro de querer llevar a cabo su misión. Pasaron dos semanas y el encargo de Frais le quemaba en las entrañas. Debería haberse negado. ¿Habría podido hacerlo? La respuesta era tan obvia que le dio miedo volver a formularse la pregunta.
    Se imaginaba a los Dragones Negros moviéndose con total libertad a lo largo y ancho de Samura Dalnu, quién sabía si cruzando las fronteras y llegando a los demás países de Thèramon. Imaginaba la devastación que causarían con su fétido aliento de fuego y su sed de sangre. Se imaginó la guerra, la odió, se odió a sí mismo. Trató de consolarse diciéndose que cualquier otro habría encontrado ese maldito libro, si él no lo hubiera hecho. No mejoró su humor. Ningún ladrón era lo suficientemente bueno para colarse en los vigilados Archivos y localizar alguna de las salas restringidas. Debería haberlo destruido.
    ¿Inmortalidad? Era un hombre viejo, no deseaba ser un viejo inmortal. La oferta del Mago Oscuro era engañosa. Podía convencer con sus palabras, pero Vosloora había visto su expresión, y había sentido mucho miedo. Un tipo como Frais no conocía la palabra amistad. Aliados o no, mataría a todos los hombres que en algún momento se atrevieran a opinar, a llevarle la contraria, a desobedecerle.
    Y lo que vendría después... Vosloora no podía imaginar qué podía ser peor que los Onii Darok, pero había algo, algo que aguardaba a ser despertado. Frais había dicho que su Señor regresaría. Él, que era tan poderoso, servía a otro. Vosloora temblaba, y no acertaba a imaginar el alcance del poder de ese otro, que aparecería cuando el Mago Oscuro tuviera en sus manos el Libro que el ladrón debía robar.
   Cada mañana se acostaba después de haber decidido que no cumpliría la orden de Frais. Cada noche montaba en su caballo y volaba como el viento, pues debía cumplir su misión enseguida.
    Dûranta era la última ciudad en su camino. Los territorios civilizados acababan a partir de ahí. Hacia el norte le esperaban las Quebradas del Este, y más allá la hostilidad del Kron Arborae, en el que no deseaba internarse. Hacia el oeste, los dominios de los Philias Buster, gentes de las que uno no debía fiarse, descendientes de antiguos ladrones de los mares, o eso decían, malos anfitriones, jugadores, atracadores, asesinos. Pero respetarían el Código de Honor de los ladrones, y en su ciudad encontraría cama y comida, que Vosloora agradecería después de muchos días de viaje durmiendo al raso. Ya no tenía edad para realizar largos tramos a caballo, y tampoco para dormir a la intemperie; pero debería detenerse a menudo, y había más de una semana de viaje a buen ritmo desde Dûranta hasta la próxima aldea, que era pequeña y estaba casi vacía. Dormiría en un granero si tenía suerte, continuaría su camino si no querían acogerle, y tres días más tarde vería el molino abandonado, y sabría que había entrado en territorio dominado por los piratas de tierra.
    Miraba por la ventana de aquella habitación, esperaba la llegada del ocaso. Había pagado por pasar un día entero, como pagaban los viajeros decentes, pero sus ropas le delataban, y en las miradas de los parroquianos veía recelo. También veía miedo, pero no lo provocaba su presencia. Comentarios en voz baja llegaban hasta sus oídos, le hacían recordar la imagen del Darok entrando por el ventanal de la Torre de Mahor, sentía la urgencia de nuevo. Espantó de un manotazo a un viejo cuervo medio desplumado que parecía mirarle desde el alféizar y volvió al interior del cuarto. Sobre una mesa, junto a un puñado de monedas, estaba la escama negra que el nigromante le había arrancado al dragón llamado Nonurg. La miró con el ceño fruncido, no recordaba haberla guardado entre sus cosas cuando se preparaba para abandonar Maindûr. Se encogió de hombros y la guardó junto con las monedas en la bolsita de piel.
   Dejó atrás Dûranta raudo como el viento, cabalgó toda la noche como enfebrecido, y se detuvo poco después del amanecer porque su caballo no podía dar un paso más. Preocupado por su montura, pareció que se le pasaba la fiebre y se preparó un campamento improvisado. Encendió un fuego, comió y bebió, miró el cielo que iba clareando y se encontró jugueteando con la extraña bola de cristal. Era hermosa. Parecía viva. Tuvo la impresión de que algo latía en su interior. Era una tontería, pero sostenerla entre las manos le producía una agradable sensación de sosiego. Sus sentimientos y sus pensamientos se aclaraban cuando la miraba durante un largo rato, y Vosloora comprendía lo que debía hacer.
    Frais había dicho que el Ojo de Cristal no funcionaba, que no vería nada en su interior. Lo había llamado el Ojo que Todo lo Ve. Pues a Vosloora le ayudaba a ver más claro.
    Le gustaba su vida, igual que le gustaba el mundo tal como lo conocía. No porque su corazón fuera puro y sus ideales de paz y de belleza le convirtieran en un Guerrero Blanco. Vosloora era un hombre cómodo, acostumbrado a la buena vida y a la aventura, siempre que no peligrase su integridad física. No deseaba que las cosas cambiaran. Frais estaba loco, mucho más que eso. Sin hablarle claro, le había dicho lo que necesitaba saber. Y una parte de él se había acobardado, y otra se había rebelado.
    Encontraría ese libro, Lliure a'Nimm draait, y lo destruiría.
    Un cuervo graznó en algún lugar cerca de él, y le sacó de sus ensueños. Anochecía. Era hora de ponerse en marcha. Y de nuevo sintió que era imprescindible que se diera prisa."

8 comentarios:

  1. Guau...sin palabras, Bea. Ya casi me había olvidado de Frais y Vosloora, pero el inicio me lo ha recordado todo de golpe.
    Es un relato oscuro, atractivo y atrayente. Como siempre tu narrativa es impoluta, consigues hacer que me adentre en Thèramon y me olvide de todo.
    Muchas gracias por darme cobijo esta noche, Bea.

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    1. Cuando escribes una novela de muchos personajes, siempre corres el riesgo de que el lector se haga un lío con tantos nombres o, peor aún, de que se pierda entre tantas historias diferentes; mi memoria es asombrosa, no necesito guías ni mapas ni esquemas para recordar y reconocer a cada personaje, no hablo sólo de mis historias, me refiero a cada libro que leo; pero sé que no todo el mundo tiene una base de datos inmensa en el cerebro, y a menudo me pregunto si no estaré complicándole la vida al lector con este juego de historias paralelas.
      Enone, tu primera frase me anima mucho. Si el inicio de este capítulo te ha hecho recordar de golpe todo lo que sucedió en Maindûr, a pesar de los meses transcurridos, debo pensar que no lo estoy haciendo del todo mal.
      Te digo gracias, querida.

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  2. Impresionante Bea!! Ahora me has dejado con la intriga de saber qué pasa con el mago y con el libro.... Me encanta cómo lo escribes, tienes una manera de hacerme imaginar la escena que me alucina!! Ya puedes ir preparando nuevas entradas....., ¡Un beso!!

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    1. el siguiente capítulo ya está preparado, Pat, no sé si se merece el calificativo "impresionante", pero espero que te guste y que la narración siga pareciéndote tan visual como en este relato.
      Gracias por tus palabras, inspiradora de mi sonrisa.
      Besos!!

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  3. Genial como siempre, wapa!! Una gran presentación de la historia. Espero con ansias el siguiente capítulo :)

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    1. que la Señora de Erthara diga que este relato es genial es un gran honor para mí, Susana, la prosa de tus/vuestros Relatos Atemporales sí que es genial. Te debo unos cuantos comentarios, no he tenido mucho tiempo, he estado librando una dura batalla, pero te voy leyendo, compañera.
      Gracias por seguir aquí 8)

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  4. Y yo creo que sintió que era imprescindible darse prisa, porque la escama ejerce un poder oscuro sobre él. Por eso se la regaló el nigromante, para tener controlado al ladrón.
    Y el ojo que todo lo ve, le va a ser de bastante ayuda para hacerse con ese libro, porque se hará con ese libro, de eso no tengo duda. Estas son mis conjeturas de hoy xd.
    También sospecho que en algún momento él y Dayna se encontrarán en el camino y a su hijo también, y juntos derrotarán a Frais.
    Ya estoy deseando leer la siguiente entrada para ver si estoy en lo cierto xdd. Felicidades por ese centenar de seguidores! le seguirán muchos más, ya lo verás xd. Un besazooo!

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    1. Sí a la primera, casi y sí a la segunda, sí y va a ser que no a la tercera. Pero cada vez tus conjeturas son más acertadas, Reicaal. Cómo me gustaría poder mostrarte este primer libro completo para saber si voy a ser capaz de sorprenderte!!
      Besote, mi niña!!

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