Nª de registro del blog: 6a579b3c-5e0d-3aff-96bb-d81160d15dd5


diseño de Susana Escarabajal Magaña

miércoles, 18 de julio de 2012

Sombras y Notas

¡Cuántos días desde el último capítulo! ¿Recuerdas dónde dejamos a Silenia? ¿Todavía te interesa conocer esa parte de la historia? No sé si te está gustando tanto como las anteriores, pero te recuerdo que nos llevará de nuevo hasta Dayna y Vosloora. 


Todavía no he subido la continuación de ese capítulo y ya estoy preparando el siguiente. Me estoy tomando en serio lo de dejar atrás la tristeza y la desidia, de nuevo quiero escribir, quiero hacer muchas cosas; y, de pronto, se me acumula la faena. Tengo que pasar al ordenador los capítulos siguientes, que continúan en su cuaderno original, tengo que reescribir diez páginas de Criatura de Fuego, Criatura de Luz, y hay una corrección que quiero terminar antes de ponerme a escribir como si no hubiera nada más en el mundo. Y pasan los días y parece que me he olvidado de ti, de este blog, de que sigues ahí, esperando a que diga algo nuevo. 

Pues tengo algo nuevo que decir.

Ya sabes que hay cuatro Historias de Thèramon en activo. Las cuatro empezadas, algunas muy avanzadas y otras apenas empezando a definirse. Ninguna terminada. Parece que este año no va a ser el de la publicación, no en lo que a Thèramon se refiere, a menos que en las próximas semanas me invada la fiebre creadora y consiga lo que solamente he logrado en una ocasión: terminar una novela en menos de un mes. No, creo que Thèramon es demasiado complejo, creo que necesitaría al menos dos meses (mode optimista on), eso si escribiera poseída por esa fiebre que ahora mismo no es más que un recuerdo muy agradable. Cuatro historias en la cabeza, y las cuatro me hablan, unas en susurros y otras a gritos.
Durante todo este tiempo, mientras avanzaba a rastras y a ciegas, luchando contra la Oscuridad que pretendía apoderarse de mi alma, enferma como Vosloora y terca como Dayna, tenía dos excusas para no sentarme a escribir. Una era pensar que no iba a ser capaz de hilar dos frases coherentes, no puedo, no puedo escribir, no puedo compartir nada hermoso con el resto del mundo porque no hay nada hermoso en mi mundo en estos momentos; no soy buena, no puedo hacer aquello para lo que he nacido, aquello que necesito más que el aire, incluso más que el amor del que me alimento y sin el cual no puedo vivir. La otra era la incapacidad para tomar una decisión; ¿cuál de las cuatro historias quiero continuar narrando? ¿Cuál es la que me va a resultar menos dolorosa? La pregunta estaba mal formulada, por supuesto. La pregunta que me hice hace un par de semanas fue: ¿cuál de todas ellas es la que quiero conocer?
 ¿De cuál quiero conocer el final?
Ya he tomado esa decisión. Voy a retomar la historia con la que comencé este blog. Criatura de Fuego, Criatura de Luz.
Y ha sido decidirme, y la Musa ha empezado a mostrarme imágenes, como si estuviera ansiosa, más aún que yo, por ponerse con esa historia. Lo primero ha sido releer lo que llevo escrito. Lo segundo, descubrir que es bueno, más de lo que recordaba. Entonces volvieron las dudas: dioses, es tan bueno que no voy a ser capaz de superarlo. Eso es lo que suelo pensar cuando leo algún libro que me llega al corazón, que me encanta y me traumatiza porque ¿cómo voy a ser capaz de superar eso? Pero las dudas duraron poco. Porque enseguida recordé que eso tan bueno lo había escrito yo, yo misma. No tengo que superarme a mí misma, no tengo que competir en estilo o en imaginación conmigo misma, lo único que tengo que hacer es coger el hilo y seguir escribiendo donde lo dejé.
Y en cuanto las dudas fueron derrotadas, el capítulo que tantos problemas me estaba dando se resolvió por sí solo en mi cabeza. Ya sé cómo tengo que contarlo. Ya sé cómo sigue la historia. Ahora sólo tengo que contarla. Es cuestión de días que me ponga con ella, primero quiero terminar de corregir, no quiero tener asuntos pendientes en mi bandeja de entrada, quiero centrarme en mi novela, quiero verla terminada.

Espero que eso te alegre.

El momento ha llegado. Ahora sí estoy preparada. Voy en busca de mi destino.
Igual que Silenia.
¿Recuerdas dónde la dejé?

"La Magia de la Música era poderosa, se dejó llevar por esas notas, caminó, descendió, trastabilló, sintió el suelo cambiar bajo sus pies, hizo frente a su temor, buscó la puerta de salida.
No dudaba de que esa puerta existía."

Bien, pues aquí tienes el resto del capítulo. Espero que lo disfrutes.

***********

© Bea Magaña. (Reservados todos los derechos)

SOMBRAS Y NOTAS (II)

"El camino se volvió de piedra y las paredes perdieron su uniformidad. Rocas de todos los tamaños y formas se amontonaban unas sobre otras conformando ya no un túnel, sino una cueva. La tierra del suelo era oscura y en algunos tramos húmeda y limosa, y el eco devolvía los sonidos deformados haciéndoles ver fantasmas a su alrededor.
Avanzaban muy despacio; las velas se consumían. Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que decidieran apartar el tapiz y abrir la puerta secreta. No querían rendirse.
—¿Crees que seguimos en las mazmorras? —se atrevió a preguntar Silenia tiempo después, su voz convertida en un susurro que a Eugene no le costó ningún esfuerzo escuchar. Tenía la impresión de hallarse muy por debajo de la ciudad, más aún, pensaba que ya ni siquiera se encontraban bajo las calles de Räel Polita, sino que habían dejado ésta atrás y sobre sus cabezas había campo y hierba, acaso un riachuelo. La Música hablaba de agua y de soledad.
Eugene sacudió la cabeza.
—Cualquiera perdería el sentido de la orientación aquí dentro —susurró a su vez—. Creo que hemos estado descendiendo durante un buen trecho. Mira las paredes, esto ya no es el Laberinto Subterráneo, esto es otra cosa.
Se detuvieron, y Silenia alzó la vela para iluminar el túnel. El techo de la cueva estaba húmedo, las paredes de roca lloraban y se formaban charcos oscuros en el suelo que hacían que sus zapatos se mancharan de lodo.
Räel Polita era una ciudad pacífica; si eran ciertas las historias de ladrones y asesinos que vivían en la Sección Angor, éstos nunca eran apresados, o bien recibían un castigo rápido como la muerte o bien eran condenados al destierro; las mazmorras llevaban decenios vacías, sus únicos moradores eran las ratas y las arañas, y no quedaban restos de los últimos asesinos que habían hallado la muerte encadenados a las paredes de piedra. El olor que se respiraba era un tufo antiguo y húmedo, pero no se percibía el hedor de la descomposición que los dos hermanos habían imaginado.
Pero las mazmorras habían quedado atrás. Silenia ignoraba cuándo habían cruzado la puerta que les había llevado a otra zona de los pasadizos que discurría por debajo de un mundo que nunca habían visitado, y que ya no eran las calles de Räel Polita. Eugene tenía razón, aquella gruta era otra cosa. Y ella pensaba que el agua oscura que se filtraba por el techo y chorreaba por las paredes de roca procedía del foso que se encontraba por encima de ellos. Eso pensaba, si bien no estaba segura y por esa razón no quiso decir nada.
Las dos llamitas no eran luz suficiente para disipar las sombras. Eugene temía llegar a perderse en aquel mundo subterráneo y no saber regresar. Silenia no tenía miedo; para volver al castillo sólo tenían que dar media vuelta y desandar el camino en línea recta y ascendente, atravesar de nuevo las mazmorras y recorrer los pasillos que ya conocían hasta llegar a la escalinata de piedra. Apretó la mano de su mellizo para infundirle confianza y continuaron avanzando. Ella sabía algo que Eugene desconocía. Sabía que la Música les ayudaría a no perderse.
Mucho más adelante, las paredes de la cueva se fueron estrechando hasta conformar un pasillo por el que solo podían avanzar de uno en uno. Eugene agachó la cabeza y abrió la marcha, y no fue hasta que se arrodilló sobre el suelo de tierra reseca que comprendió que el techo se había encogido. Gateó a lo largo de un conducto demasiado estrecho para un adulto pero suficiente para dos niños de su estatura y complexión, hasta que la sensación de claustrofobia se hizo excesiva para él y le obligó a a detenerse.
—Creo que deberíamos dar la vuelta —dijo, preocupado e inquieto; apenas tenía espacio para girar la cabeza hacia su hermana, que se había detenido detrás de él—. Esto no parece llevar a ninguna parte, y si continúa estrechándose nos quedaremos atascados aquí abajo y nadie nos encontrará nunca.
Silenia oía la Música que sonaba desde el final de ese pasillo. Las notas que hablaban de libertad y de aire fresco la animaban a seguir. Estaba en el camino correcto. No iba a rendirse.
—Adelante, Eugene —le ordenó—. No importa a dónde nos lleve este pequeño túnel, ha de tener una salida y quiero llegar hasta ella. Sólo si salimos podremos volver a entrar y desandar el camino. No tengo ninguna intención de retroceder gateando de espaldas. Sigue, hermano mío, la salida no puede estar lejos.
Eugene no se atrevió a replicar. Gateó durante varios metros más y cuando quiso darse cuenta ya no estaba dentro de un conducto bajo y estrecho, sino en una sala de piedra redonda y amplia que parecía marcar el final de su aventura. Se puso de pie, iluminó la pared en cuya base había un agujero como de chimenea por el que él había salido, y vio aparecer la cabeza de su hermana. Silenia sonreía. La ayudó a incorporarse y después alzó la vela para reconocer el terreno. Se le escapó una exclamación de sorpresa e indignación.
—¿Cómo es posible, por todos los dioses? —preguntó, contrariado—. ¿Esto es todo? Hemos llegado hasta aquí en línea recta por pasadizos oscuros y húmedos, manchándonos de barro hasta las cejas, ¿y todo para nada? ¡Esto no conduce a ninguna parte! ¡Es un callejón sin salida!
Aquella estancia que parecía la entrada de alguna gruta era un muro abovedado, roca sobre roca y oscuridad intensa. El techo tenía una altura de dos metros, y había espacio suficiente para albergar a diez personas adultas. Pero no llevaba a ninguna parte, como había dicho Eugene. Ninguna grieta a la vista, ninguna puerta oculta en la pared, el mismo suelo de tierra sin remover que habían tocado con las palmas al avanzar a gatas. Ni una corriente de aire, ni un reguero de agua que les mostrara indicios del exterior. Estaban encerrados bajo tierra. Su excursión había sido en vano.
Eugene pateaba el suelo y golpeaba las paredes, descargando así su frustración. Silenia le ordenó guardar silencio. Miró la pared de roca, la recorrió con las manos abiertas, pegó el oído. Tanta era su concentración, y tan segura parecía de poder descubrir algo, que Eugene se limitó a observar sus movimientos sin decir una sola palabra. La princesa cerró los ojos y escuchó. Notas lejanas, notas más fuertes, notas de una música que conocía: aire fresco, verde y agua, una canción de vida y libertad. Y venía de la pared, del otro lado del muro de piedra.
—¿Qué oyes? —le preguntó a su hermano, y a él le pareció de pronto misteriosa y fantasmagórica—. ¿Qué ves?
El muchacho miró en derredor.
—Silencio y oscuridad —respondió, desanimado—. Hemos hecho un largo camino entre sombras más negras que la misma noche buscando algo que sólo existe en nuestra imaginación. Seguramente nos hemos perdido y nadie sabe que estamos aquí. Lamento haberte metido en este lío.
Silenia le miró con sorpresa.
—¿Cómo?
—Yo te dije lo de las puertas —dijo Eugene, consternado—. Me creíste y bajaste aquí conmigo. Lo lamento, hermana, me equivoqué.
Silenia volvió a mirar la pared. ¿Era posible que Eugene no lo viera?
—No te preocupes, Gene, ha sido una aventura estupenda —dijo, mordiéndose la lengua para no decir nada que pudiera delatarla—. Seguramente hay otras puertas y no las hemos visto. Regresemos.
Miró por última vez la pared y reprimió una sonrisa. Se sorprendía de no haberla visto al principio. Era maciza, ancha, baja, de hierro tan vetusto que se había confundido con la roca, y seguramente llevaba siglos sin ser abierta, pero era real, y estaba allí, como había supuesto, como había deseado. Estaba allí, delante de ellos, y Eugene no podía verla. Le habría gustado mostrársela a su hermano, compartir con él la gloria del hallazgo, pero decidió callar. Si Eugene no sabía que existía una salida, no pensaría que ella pretendía utilizarla.
—¿Y si nos hemos perdido? —protestó Eugene con un poco de temor. No por él mismo, sino por haber llevado a Silenia hasta allí.
La niña sonrió. No se habían perdido. La música que la había guiado a través de los túneles oscuros les devolvería al castillo, no tenía ninguna duda y ningún temor.
—Confía, Eugene, si hemos sabido llegar hasta aquí, sabremos regresar.
Hicieron el camino de vuelta cogidos de la mano.
La siguiente vez que Silenia llegó hasta la puerta secreta, lo hizo sola.
Era de día la primera vez que abrió la puerta. Aeblir bañaba con su luz los arbustos vacíos de flores y calentaba las aguas oscuras del foso. La música que la había llevado hasta allí se dejaba oir con mayor intensidad al abrir la puerta. Había encontrado el modo de salir. Esperaría el momento para hacerlo.
La primera vez que cruzó la puerta la recibió la plateada luz de la luna, el rumor de las aguas del foso y el canto de los grillos que se preparaban para afrontar el invierno.
Habían transcurrido diez meses desde que Ariiama le revelara su nombre."

6 comentarios:

  1. Me alegro mucho, porque yo tambien quiero conocer el final de la historia de todas tus historias porque me encantan!!!!! Asi que espero fervientemente que tengas ese afan creador del que estas hablando!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Me alegra no sabes cuanto q tu cabeza este repleta de ideas.Animo mi niña pronto esas ideas tomaran forma y estoy segura de que se convertiran en historias maravillosas.Te quiero
    Sara

    ResponderEliminar
  3. Gracias, Ana, si supieras las ganas que tengo de sufrir esa fiebre para poder seguir leyendo...

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Sara, te digo lo mismo que a Ana. Estoy deseando recuperar el ritmo que tú conociste...

    ResponderEliminar
  5. ¡Gran historia! Ya tenía ganas de saber un poquito más de Thèramon... ¡Qué bien que vuelvas a escribir con la misma ilusión que antes! ¡Y quiero más, mucho más! BESOS GUAPA

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tendrás más, querida Pat. He vuelto, y esta vez para quedarme. Espero que eso te alegre. Empiezo a notar de nuevo ese entusiasmo que me hace sentir viva, que me hace capaz de crear historias que lleguen al corazón de los lectores.
      Gracias por seguir viniendo y por dejarme tus palabras, mi niña. Tu apoyo y tu compañía están siendo vitales para Thèramon. TQM

      Eliminar

Viajeros de tierras lejanas, amigos de siempre, vuestra visita nos alegra y vuestra opinión nos ayuda, recordad que cada vez que dejáis huella de vuestro paso, Thèramon crece.

lo que veo cuando leo lo que escribes

lo que veo cuando leo lo que escribes
Por Susana © Registrado por Bea Magaña

Mi primer premio bloggero

Mi primer premio bloggero

Conociendo blogs

Conociendo blogs
Grupo de facebook

Sleeping sun (Nightwish) ME INSPIRA

Legend of Zelda, Ocarina of Time ME INSPIRA

Meet me halfway (Black Eyed Peas) ME INSPIRA

Civilization (Justice). Este vídeo me inspira...