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diseño de Susana Escarabajal Magaña

martes, 18 de septiembre de 2012

La dosis de Sara


No me he olvidado de ti.
Muchas cosas han cambiado, mi forma de mirar el mundo, por ejemplo, ahora no hay día que no encuentre un motivo o más para sentirme agradecida por estar viva y feliz de tener un corazón que siente con tanta intensidad. He dejado de esperar, pero no de creer. Ya no espero a que salga el sol para sentirme animada, ahora es mi sonrisa y mi actitud ante la vida lo que hace que el sol se anime a brillar. Ya no busco al unicornio, ni lo persigo, ni lo espero; he comprendido que el unicornio es la criatura más libre del universo, y que no podré verle si él no desea ser visto. Ahora me dedico a repoblar Thèramon de dragones, en eso estoy teniendo mucha ayuda, debo decirlo; y si el unicornio se siente atraído por la vida que bulle a mi alrededor, quizás decida aparecer. Pero si no acude, si decide no escuchar la llamada de Thèramon, no dejaré morir a los dragones que me han devuelto la ilusión y las ganas de seguir creando mundos. Soy una laudaner, nací para contar historias. Escribir es lo que más amo en el mundo. Y aunque amo al unicornio, mi amor por los dragones no es menor. Seguiré contando mi historia, y Cosmos dirá quién acaba siendo protagonista. ¿El unicornio, los dragones? Yo voto por Thèramon.

Muchas cosas han cambiado. Cuando Thèramon nació, lo más importante era proteger al unicornio. A medida que voy escribiendo, el unicornio se va convirtiendo en un símbolo, más que una criatura de carne y hueso es un ideal, como la bondad, el valor o la lealtad. Lo que nos inspira a seguir luchando, a seguir superando obstáculos. Ahora lo veo como el Aslan de las Crónicas de Narnia, el ser divino del que todos hablan pero al que nadie ve hasta el final de la historia. Ya no es el consejero, el guía, la criatura de la que te enamoras nada más verla y a la que deseas proteger con tu propia vida si fuera preciso. Pero aunque ausente, sigue siendo el alma de Thèramon; y a pesar de que los dragones van ganando protagonismo, todos ellos luchan en su nombre. No sé qué pasará en el futuro, no sé qué hará la musa, o debería decir qué hará la propia historia, pues es ella misma la que se va contando a través de mí. Ya no me preocupa el final, he aprendido a aceptar los cambios y a disfrutar del viaje, de la aventura. Cuando la primera historia de Thèramon esté terminada, ya te contaré en qué lugar ha quedado el unicornio. De momento puedo decirte que todavía no lo he visto. Y que no he dejado de amarle.

Estoy escribiendo. De momento voy despacio, arrancar después de tantos meses de bloqueo y de vacío interior no está siendo fácil. Pero lo poco que me ha dado la musa hasta ahora es increíble. No me canso de releerlo y no dejo de maravillarme. Y cuando copio el trozo de capítulo que continúa la historia que te voy contando aquí me pregunto si crees realmente lo que te digo, porque la historia de Silenia, Dayna, Vosloora y el N'Ögard no es más que el relato de un niño en comparación con lo que no puedo enseñarte todavía. ¡Tengo tantas ganas de terminar Criatura de Fuego, Criatura de Luz, para mostrarte algunos fragmentos!

Novedades... hay muchas, pero no tengo buenas noticias que darte todavía. Sé que la novela que envié a la agencia está siendo valorada, pero aún no tengo una respuesta. Se me ha comentado la posibilidad de trabajar como correctora freelance, pero no hay nada seguro; aunque debo decir que el simple hecho de que alguien haya considerado la idea me hace muy feliz y me produce un subidón de autoestima increíble. He reunido el valor suficiente para enviar uno de mis relatos a un concurso. He aprendido lo básico sobre el funcionamiento de Twitter y ahora lo utilizo para escribir las "actualizaciones del dragón"; en las últimas dos semanas mi número de seguidores en Twitter se ha duplicado, creo que el dragón gusta. Durante las vacaciones he escrito menos de lo que me habría gustado, pero he aprovechado el tiempo para leer y he corregido dos novelas. He recibido muy buenas críticas por parte de varias personas sobre lo que llevo escrito hasta el momento. Ah, ¿y te he dicho que soy feliz?

No me he olvidado de ti. Han pasado diez días desde que vine a dejarte un trocito más de Thèramon. Tampoco es que haya estado desaparecida un mes. Han sido diez días muy intensos. He estado muy ocupada viviendo y disfrutando, después de tantos meses de solo vegetar. Pero te he tenido presente en todo momento. Porque sin ti este blog y todo lo que voy haciendo no tendría sentido. Así que no te olvides tú tampoco de Thèramon, ni te olvides de mí.

Hoy mi hermanita me ha esrito un mensaje. "Llevo ya tres días entrando cada dos por tres a ver si ya habías colgado algo y estoy de los nervios. Necesito mi dosis". Como en los viejos tiempos. Así que aquí está, la dosis de Sara, con mis disculpas por tenerte de los nervios y todo mi amor, mi niña. Espero que disfrutes del pedacito de hoy. Y recuerda que nunca me olvido de ti.

**********

© Bea Magaña (Reservados todos los derechos)

Sombras y Notas (VI)

"El interior del castillo era lóbrego y ruinoso, pero el muchacho parecía conocerlo bien y no permanecieron en él mucho tiempo. Salieron a la ciudadela por una ventana después de comprobar que no había nadie a la vista y echaron a correr, alejándose del castillo. Ya podían ver a lo lejos las siluetas de las torres del castillo de Cornell recortadas contra un cielo sin estrellas. Silenia se detuvo bruscamente. El muchacho tiró de ella, pero la niña no se movió.
—¿Qué sucede? —le preguntó, volviéndose a mirarla.
—Vamos en dirección este —dijo Silenia. El muchacho asintió con la cabeza—. Vamos mal. El arco se encuentra al noroeste. El único arco abierto en la muralla. No hay salida por aquí.
—Confía en mí, princesa. Te aseguro que vamos en la dirección correcta. El castillo de tu padre se encuentra al noreste de aquí, y es al castillo de tu padre adonde queremos llegar, ¿no es cierto?
Silenia movió la cabeza.
—Escuchad, yo no conozco la ciudad. Nunca he salido de la Sección Mersha. De hecho, lo único que conozco bien es el Laberinto, y el edificio de los Archivos. Pero conozco la muralla, y sé que ésta sólo tiene una puerta.
El muchacho la miró sonriendo. Las sombras de la noche se retiraban con pereza, anunciando la inminente aparición de Plio, y empezaba a poder ver con claridad su rostro de niña hermosa.
—Es cierto —asintió—. Sólo hay una puerta. Un arco, en realidad. Abierto todo el tiempo, y no vigilado por Guardias. De cada arco parte una Calle Real, y cada Calle Real va a morir en la Plaza del Encuentro. ¿Eso es lo que te han enseñado tus preceptores?
—Conozco la historia de la ciudad, así como su geografía —asintió Silenia—. Y conozco sus murallas —insistió con terquedad.
—Bien, pero yo conozco sus calles, y sus atajos. No necesitamos bajar hasta la Plaza del Encuentro y volver a subir, nos llevaría demasiado tiempo. Hay formas de saltar la muralla, hay caminos abiertos en ella. No te ofendas, princesa, pero has aprendido con libros de historia anticuados. Te he prometido que te llevaría en menos de una hora, y eso es lo que haré. Tienes que confiar en mí.
Ahora que las sombras se retiraban, Silenia podía ver mejor el rostro del muchacho. Su sonrisa le hacía parecer más joven de lo que sin duda era. Se le veía seguro de sí mismo, y honesto. No era ningún chiquillo jugando a los exploradores.
—Confío en vos, señor —le aseguró.
Räel Polita era distinta vista desde el Corredor. Cuando uno corría por sus calles, descubría detalles de su geografía que no podían distinguirse desde lo alto de la muralla. Habían transcurrido cientos de años desde que las cinco pequeñas ciudades se unieran para formar una sola. Las antiguas murallas, despojadas de su función defensiva, se habían convertido en un obstáculo incómodo para los Raelitaro, los cuales se habían dedicado a modificar su estructura para su propia comodidad. Existían más arcos, puertas e incluso caminos despejados entre los restos de las viejas murallas derruidas de los que se podían adivinar mirando desde arriba. Pronto se encontraron en la Sección Mersha, y los primeros rayos de Plio aún no asomaban por el horizonte.
El muchacho se detuvo a tomar aliento.
—¿Y bien? —preguntó. Como Silenia le mirase con expresión de desconcierto, él señaló hacia delante con una mano—. Ahí está el Fuerte de los Caballeros, y tras él la puerta de entrada a tu castillo. ¿Se te ocurre cómo podríamos atravesar el patio lleno de soldados sin ser vistos?
Esta vez le tocó a Silenia el turno de sonreír.
—El Fuerte no es el único modo de acceder al castillo —dijo, con aire de entendida—. Hay otra puerta, señor. De hecho, cada vez que he salido a la ciudadela he utilizado esa otra puerta. Pero está vigilada día y noche. Me temo que no podré entrar por allí, si no deseo ser descubierta.
Por primera vez, el rostro del muchacho mostró desconcierto y desánimo.
—Entonces, no ha servido de nada —dijo en voz baja—. ¿Me has seguido hasta aquí sabiendo que no podrías entrar en el castillo?
La sonrisa de Silenia se acentuó.
—Sabía que podría entrar —le aseguró—. Y necesitaré vuestra ayuda para hacerlo. Me habéis enseñado mucho esta noche. Ahora sé que no hay ningún obstáculo insalvable. Sé exactamente por dónde debemos entrar. Y no es por ahí.
Movió la cabeza en dirección a la puerta doble del Fuerte.
—Veréis, ahora estamos en mi terreno —le explicó con una expresión algo traviesa—. Como os he dicho, conozco bien la muralla, porque la recorro a diario, mirando hacia abajo. Hay cosas que no se pueden ver desde las alturas, y otras que sólo se pueden descubrir de ese modo. Puedo llegar a mis habitaciones desde los jardines. No se me habría ocurrido pensarlo, ya que el muro es alto, pero los muros no son un obstáculo para vos, ¿no es cierto?
Le guiñó un ojo, y el muchacho la miró con la boca abierta a causa de la sorpresa.
—Adelante, caballero, llevadme hasta mi castillo —le pidió ella con dulzura.
El muchacho se sonrojó.
Las primeras luces del día les encontraron en los jardines, subidos a un árbol frente a un gran ventanal. Silenia sólo tendría que saltar desde una rama y se encontraría dentro del castillo, a pocos metros de sus habitaciones.
—Ha sido una aventura estupenda —dijo Silenia, mirándole con gratitud y simpatía—. Me habéis ayudado mucho. No lo habría conseguido sin vos. ¿Por qué lo habéis hecho?
El muchacho la miró. Por primera vez desde que se habían encontrado podía verla perfectamente. De noche era bella. A la luz del primer amanecer, era hermosa como una criatura inmortal. Sonrió.
—Si has hecho tanto por ver a los Dragones Cisne, debes amarlos. Y cualquier amigo de los dragones es amigo mío.
Silenia deseó quedarse más tiempo hablando con él. Le había oído decir varias cosas que la habían intrigado. Pero era tarde, y se estaba arriesgando mucho al demorar tanto la despedida.
—Las Colonias no son un buen lugar par alguien como tú —susurró él—. Tu juventud y tus modales no pasan desapercibidos. Si se te ocurre hacer otra escapada, cuida mejor tu aspecto y tu forma de hablar, princesa.
Otra escapada. Había quedado claro que no podría regresar sin ayuda.
—¿A qué os referís? —preguntó, extrañada.
—A eso —el muchacho señaló la boca de la niña—. Hablas como los nobles. Si quieres pasar desapercibida y mezclarte con el pueblo, escucha hablar al pueblo.
Ella se ruborizó un poco. No tenía ocasión de escuchar al pueblo. Pero entendía lo que él quería decir. Miró su ventana. Los pájaros más madrugadores saludaban al nuevo día.
—Tengo que ver a los dragones —susurró, casi era un ruego.
—Dentro de unos años te permitirán salir y podrás verlos a la luz del día.
Silenia sacudió la cabeza y clavó sus ojos dorados en los de él, azules como el cielo de la tarde.
—No puedo esperar —rogó esta vez.
El muchacho la miró con atención. Parecía tan frágil, tan sola. Había súplica en sus ojos. Deseó abrazarla y darle consuelo. Por fin, esbozó una sonrisa y movió la cabeza.
—Te acompañaré, princesa.
Su decisión alegró enormemente a Silenia, hasta que se acordó de su promesa. No debía compartir con nadie su secreto. Le miró con tristeza.
—Debo ir sola.
Él se encogió de hombros, sin perder la sonrisa.
—Te acompañaré hasta el lugar en el que podrás verlos y te dejaré a solas con ellos —prometió—. Después te traeré de vuelta.
El rostro de Silenia se encendió. El corazón del muchacho también.
—¿Lo haríais?
—Lo haré.
Silenia pensó un segundo.
—¿Esta noche? —pidió—. ¿Me esperaréis junto a la puerta secreta? Saldré por allí.
—Allí estaré, Silenia, hija de Cornell —asintió el muchacho. Se llevó un puño cerrado a la frente y después al pecho.
Silenia saltó desde la rama y corrió hasta su habitación. El fuego de la chimenea estaba apagado, nadie había entrado todavía. Se asomó a la ventana y le miró por última vez. El muchacho descendió del árbol, atravesó corriendo el jardín y saltó el muro, y Silenia no le vio desaparecer por las calles de la ciudad. Buscó su camisón, se desvistió, descubrió que no le había devuelto la pelliza y la escondió entre las sábanas. Enseguida se metió en la cama y se durmió escuchando el canto de las aves, y un segundo antes de caer en el sueño se acordó de que no le había preguntado su nombre."

8 comentarios:

  1. aleluya prima!! andaba con un monazo que ni te imaginas!!

    me encanta esta entrada tiene algo especial

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  2. Mil gracias mi niña estoy llorando como una tonta.Te quiero un montòn,sabes que para mi eres mi familia y que siempre tendrás un enorme hueco en mi corazón.Echo muchísimo de menos tenerte cerquita leyendome tus historias como en los viejos tiempos.
    El relato magnífico como siempre,tienes un Don mi niña,no dejes de usarlo.Sé que vas a llegar lejos.Como siempre.
    CONFIO EN TÌ ♥

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    Respuestas
    1. Pretendía alegrarte, mi niña, no hacerte llorar 8)
      Gracias por estar ahí. TQM

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  3. ¿Te cuento un secreto? A mí también me gustaría ver alguna vez al unicornio. Pero que la paciencia también es un tesoro que hay que conservar y las cosas suceden cuando tienen que suceder (¡pero que no sucedan demasiado tarde, por favor!). Yo también estoy recuperando poco a poco la época de inactividad., es cuestión de ilusión, ganas y sueño, y sobre todo la perspectiva de seguir aprendiendo conforme se va creando.

    En cuanto a Silenia, veo en sus ojos esa vitalidad que me reconozco que me da envidia. Anhela tanto ver los dragones que entreveo que eso la hace feliz. Porque, cuando uno tiene un sueño, creo que es feliz mientras lo va cumpliendo o cuando sabe qué tiene que hacer para cumplirlo.

    ¡Saludos!

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    Respuestas
    1. Sergio, todo llega, y nunca es demasiado tarde, aunque la impaciencia nos haga pensar con más frecuencia de la que es saludable que los dioses nos tienen olvidados. Aprendemos a lo largo del viaje, y tarde obtenemos las recompensas. Pero con tiempo todavía para disfrutarlas. Ama y cree, compañero.

      Silenia es muy joven, tiene mucho miedo, no se cree capaz de llevar a cabo el destino que se le ha impuesto. Pero hizo unapromesa, y posee la voluntad para cumplirla. La envidio. Es muy fuerter y tenaz. Y verá a los dragones, ya lo creo que sí.
      Gracias por acercarte y dejar huella de tu paso 8)

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  4. ¿Sabes? Creo que te superas cada día. Cuando leo tus relatos me tienes en vilo hasta el final y luego, cuando termino, quiero más, mucho más... ¡Eso quiere decir que has de continuar escribiendo!!!!
    BESOSSSS

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  5. Y continúo escribiendo, Pat. O eso, o me matas, no lo he olvidado (jajaja)
    En cuanto a que me supero cada día, bueno, tú puedes decirlo, eres de las pocas que ha podido leer lo que llevo escrito de CDFCDL, es bueno, ¿eh?
    Gracias por seguir siempre ahí, y por ser paciente, justo cuando tengo una nueva corrección interesante entre manos la Musa decide volver con fuerza, y no puedo alargar las horas, por más que me gustaría. Ojalá mi Giratiempo funcionara de verdad, ojalá fuera más que un adorno bonito 8)))

    Océanos de amor, Pat. Y mi sonrisa, ésa ya no la pierdo, y tú tienes mucho que ver 8)

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Viajeros de tierras lejanas, amigos de siempre, vuestra visita nos alegra y vuestra opinión nos ayuda, recordad que cada vez que dejáis huella de vuestro paso, Thèramon crece.

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