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diseño de Susana Escarabajal Magaña

miércoles, 31 de octubre de 2012

Canción para la Noche de Difuntos

Te prometí una entrada terrorífica para este Halloween. Y ya sabes que Bea siempre cumple sus promesas.

Como no he sido capaz de terminar mi relato Z, porque a pesar de mis intentos la Musa se ha empeñado en que sea una novela (ya sabes que lo mío no es resumir), te dejo un poema que escribí hace unos años (por lo menos quince, pero podrían ser veinte). Lo escribí en inglés, así que no rima mucho, no me lo tengas en cuenta (je)

Desde Thèramon, te deseo una feliz kermesse de Hocassi Vihollinen. Hoy es noche de aparecidos, de monstruos y de cuentos oscuros. Y sobre todo, de creer. Así que cree. Y ama, por si acaso no hubiera un amanecer ;)

********

© Bea Magaña. (Reservados todos los derechos)

CANCIÓN PARA LA NOCHE DE DIFUNTOS


Cerca de la medianoche,
cuando el sol es poco más que un recuerdo
y las estrellas se cuentan por millares,
los grillos cesan en sus canciones
para escuchar cómo alguien
pronuncia en voz alta un conjuro
hace siglos olvidado.

Poneos vuestros disfraces, niños;
cantad vuestras canciones, haced vuestras bromas;
alguien llenará vuestras bolsas de dulces.
Fingid que sois peligrosos,
fingid que estáis asustados;
para que la magia empiece
todos tenéis que creer.

Escuchad: es la Noche de Difuntos;
el espíritu de Halloween se extiende
por el pueblo; las calabazas son
las dueñas de la noche,
con sus grotescas sonrisas
iluminadas desde dentro.
Creed que son las hadas,
o las luciérnagas, o el fuego
del Infierno, quien ilumina la noche;
si pensáis que son sólo velas,
la noche dejará de brillar
y la tierra acallará sus latidos.

Gritad, reid, cantad,
bailad, haced mucho ruido,
es mejor, es mejor que no oigáis
los sonidos de la noche.

La niebla se asienta
a ras del suelo, como flotando,
y las estrellas se apagan,
y todo queda en silencio unos segundos,
los que tarda en desaparecer
la última campanada de las doce
que se va, flotando en el aire,
hasta perderse en las sombras.

Entonces,el silencio se rompe:
la tierra se abre, y un par
de manos huesudas asoman,
como tétricas margaritas nocturnas.
El resto del cuerpo es
como un alarido de terror
en medio de un cuento de hadas.

Después, sólo personajes de pesadilla
que van surgiendo desde las entrañas de la tierra,
como vomitados por ésta,
seres que escapan de sus ataúdes
para sumarse a la fiesta.

Poneos vuestros disfraces, niños,
cantad y bailad, reír,
disfrutad de la fiesta, porque
pronto habréis muerto.

Fantasmas y monstruos,
demonios convocados por un viejo conjuro;
hay más muertos que vivos
en el pueblo, esta noche.

La maldición se ha cumplido
otro año más. Es Halloween,
¿no es emocionante?

Los ojos de las calabazas son
malvados, miran las calles vacías
desde sus cuencas ardientes,
vomitan fuego infernal, y ríen
mientras esperan vuestros gritos
aterrorizados.

Poneos vuestros disfraces.
Es medianoche. La fiesta
está empezando, cantad
y bailad mientras podáis.
Es Halloween. ¿No es divertido?


miércoles, 24 de octubre de 2012

Mi Relato Z


Dentro de una semana se celebra en Thèramon la kermesse de Hocassi Vihollinen, La Noche Más oscura, conocida en muchos lugares con el nombre de Halloween. Es una noche para contar historias a la luz de una hoguera; historias de terror, de magia, de maravilla. Y esta laudaner quería contarte una historia especial.

Hace un año te dije que yo no escribo terror, sino fantasía. Me llamo Bea y mi obsesión son los dragones, ¿recuerdas que fue así como me presenté? Desde que abrí este blog has ido conociendo a la Bea de Thèramon, pero poco a nada sabes de la otra Bea, ni de lo que escribía antes de que Thèramon se me mostrara por primera vez. No siempre he sido “la Tolkien española” (yo no me he puesto este apodo, otros lo han dicho de mí), y la prosa que utilizaba antes es muy distinta a la que has visto en este blog. O eso me parece a mí. A esa otra faceta mía la llamo la Bea de King, porque el maestro del terror ha sido siempre mi mayor inspirador. Y aunque nunca he sido capaz de escribir terror, mis novelas anteriores tienen un tono que queda más cerca del de King que del de Tolkien. O eso me han dicho siempre. No sé, hoy podrás juzgarlo por ti mismo.

La última vez que nos vimos te dije que tenía un relato de terror rondando por mi cabeza. Quería escribir ese relato y traértelo la noche de Halloween. Pero ha habido un pequeño problema. Ese relato no llegó a escribirse, porque la Musa cambió de opinión y me mostró un relato nuevo, uno tan terrorífico que no fui capaz de empezar a escribirlo porque me daba muchísimo miedo. He tardado todo el mes en encontrar la manera de narrarlo sin tener taquicardia. Llevo cuatro días escribiendo como una posesa, como en los viejos tiempos, entusiasmada y disfrutando muchísimo. El relato avanza, tanto, que creo que al final no va a ser un relato, porque va a quedar demasiado largo. Ya sabes que lo mío no es resumir. No soy escritora de relatos, soy novelista. Todas mis historias acaban cobrando vida propia y convirtiéndose en novelas, qué le voy a hacer.
Pero que no se diga que no lo intenté.

La semana que viene te dejaré un relato especial, una Canción Para la Noche de Difuntos. Pero hoy quiero mostrarte el comienzo de mi relato Z, porque quiero que veas mi otra faceta y que opines. Tu opinión es muy importante para mí. Espero que disfrutes de este pedacito, y que de algún modo te compense por estas semanas de ausencia sin más dosis de Thèramon. Como te dije, he estado corrigiendo y escribiendo, aunque no lo que pretendía, sino algo que no me creía capaz de escribir. Volveré a traerte más Historias de Thèramon, si es que sigues aquí queriendo leerlas. Permite que hoy comparta contigo un poquito de la historia en la que estoy trabajando en estos momentos.


Mi relato Z (fragmento)
© Bea Magaña (Reservados todos los derechos)


“Esto no debería estar ocurriendo.
No apelo a la lógica, no intento buscar una explicación racional o científica, no me niego a creer ni cierro los ojos confiando en que no sea más que una pesadilla de la que voy a despertar en cualquier momento, a salvo en mi cama. Ya hace rato que he aceptado que lo que hay ahí afuera es real, que el fin del mundo ha llegado y que yo no doy el tipo de superviviente ni de heroína. Cobarde hasta la médula, medio coja de un pie, miope y torpe con ganas, y físicamente nada del otro mundo. El público no apuesta por las chicas del montón, quiere tías buenas a lo Angelina Jolie o a lo Milla Jovovich. Y yo estoy muy lejos de parecerme a ninguna de ellas. Me toca morir antes de los créditos, lo tengo asumido.
¡Pero es que es todo tan surrealista! Yo no debería estar aquí, con una taquicardia del quince y un hacha en las manos, rodeada de tías histéricas que no me soportan y que piensan que mis largos años devorando literatura fantástica y de terror van a ayudarlas a sobrevivir a este extraño apocalipsis. Si lo pienso un poco, casi me resulta gracioso; pero si lo pienso mucho, más bien me dan ganas de ponerme a llorar. Tengo muchísimo miedo. Estoy muerta de miedo.
Lo sé, la negación no conduce a ninguna parte, y por mucho que me empeñe en cerrar los ojos y mirar para otro lado la situación no va a mejorar. Mi peor pesadilla se ha hecho realidad y todavía no entiendo cómo ha ocurrido. No tiene sentido. Hace un par de horas el mundo era un lugar más o menos cuerdo en el que la gente hablaba y reía sentada a la mesa y nosotras mirábamos el reloj y pensábamos que ya quedaba menos para fregar y marcharnos, que ya había ganas; todas estábamos cansadas, algunas tenían hambre, otras tenían sueño, yo estaba aburrida y lo único que deseaba era llegar a casa y quitarme los zapatos, porque había sido un sábado muy largo y el talón me estaba matando. Y de pronto, sin una explicación, sin un motivo, el mundo se ha convertido en un escenario de muerte y de gritos y de sangre, y todo ha desaparecido devorado por la niebla, así que ni siquiera podemos saber qué hay al otro lado de las ventanas, aunque podemos oírlo.
Y también hemos podido comprobar que, sea lo que sea lo que acecha en el exterior, tiene uñas y dientes, y un hambre voraz. Y mata.”

lo que veo cuando leo lo que escribes

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Por Susana © Registrado por Bea Magaña

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