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diseño de Susana Escarabajal Magaña

domingo, 4 de marzo de 2012

Si el entorno cambia

Sobre la importancia del entorno, segunda parte.
Ya hemos visto que la negatividad nos vuelve negativos, que cuando el mal nos rodea sale a la superficie nuestra parte mala; a veces nos volvemos malos, y hacemos daño a otros; a veces no es una cuestión de maldad, lo peor de nosotros puede ser la indiferencia, el desánimo, la desesperanza, y entonces nos hacemos daño a nosotros mismos. 
Si llevamos encima un amuleto nocivo como una escama de Darok, entonces sucumbimos sin remedio.
Pero si el entorno cambia, la situación cambia.
Y al estar rodeados de Luz podemos llegar a convertirnos en Luz.
Ante la bondad, la inocencia y la desgracia ajena, podemos llegar a descubrir que tenemos un lado bueno, podemos llegar a sentir compasión y volvernos generosos. Olvidamos el egoísmo, y con él dejamos a un lado el miedo y las dudas, sentimos la necesidad de dar, de compartir algo hermoso, y nos sentimos mejor cuando lo hacemos. Éste es el Poder del Blanco, cuando la Luz es tan intensa que inunda nuestro ser, nos volvemos Luz.
Ojalá recordáramos siempre esa sensación, y lleváramos con nosotros esa Luz todo el tiempo, nunca volverían a asaltarnos las dudas.
Veamos hoy cómo Vosloora empieza a sentir el Poder del Blanco. Recemos a los dioses por la salvación de su alma.

Para vosotras, que pedisteis más. Gracias por dejar vuestros comentarios.

****************

© Bea Magaña. (Reservados todos los derechos)

El Salto de Corso (II)

"—¿Te he asustado, grumete? —preguntó con voz cascada la aparición.
    ¿Vosloora era un hombre viejo? ¡Este hombre parecía doblarle la edad!
    —Por todos los dioses perversos —exclamó con voz entrecortada—. ¿De dónde salís, buen hombre? He estado a punto de precipitarme de cabeza al inframundo al veros.
    El anciano se rió como un viejo cuervo y Vosloora vio que no le quedaba un solo diente. Vestía una vieja camiseta a rayas y raídas bermudas de color negro desvaído que no habían visto el agua de cerca en varias lunas. ¿Qué extraño ser era aquél?, se preguntó. El anciano habló antes de que pudiera preguntárselo.
    —Soy el Corso —se presentó, y le tendió una mano arrugada y llena de manchas que delataban su avanzada edad—. Vigilo el camino que conduce a la otra parte del bosque, pues alguien tiene que hacerlo. Mi misión consiste en cobrar el Arancel a los viajeros que deseen entrar en la tierra de los Philias Buster, como otros lo hacen abajo, en la playa.
    —Pero yo deseo abandonar estas tierras, buen hombre —explicó Vosloora, ya recuperado del susto—. ¿Debo pagaros por ello?
    El anciano se tomó un minuto largo para pensar. Daba la impresión de no haber visto a un ser humano en mucho tiempo.
    —En ese caso —dijo, dubitativo—, creo que no. Si lo que quieres es salir...
    Sacudió la cabeza y se alejó unos pasos del ladrón. Éste le siguió, intrigado.
    —Mi memoria ya no es la de antes —se quejó el anciano, y Vosloora sintió un poco de compasión por él—. No recuerdo muchas cosas de mi cometido. ¿Debo cobrarte o no por pasar por aquí? Si ésos de ahí abajo recordaran que estoy aquí, subirían y me arrojarían al mar sin dudar.
    —¿Lleváis mucho tiempo en este lugar? —se interesó el ladrón. Mientras el viejo hablaba, caminaba renqueando en la dirección que él seguía. Hacia los árboles oscuros.
    El viejo miró al cielo y por fin se encogió de hombros.
    —Diría que llevo toda la vida aquí —respondió.
    —¿Vivís solo?
    —¿Quiénes? —se sorprendió el anciano—. Aquí sólo estoy yo.
   Vosloora sacudió la cabeza. No entendía bien a aquel hombre. Tenía un acento extraño, y al no quedarle dientes no pronunciaba con claridad.
    —¿Y qué hacéis, además de controlar el camino?
    —¿Hacemos? —volvió a extrañarse el anciano—. Soy sólo el Corso, nadie más que el Corso.
    Vosloora esbozó una sonrisa.
    —¿Pasa mucha gente por aquí, Corso? —preguntó con amabilidad.
    El anciano movió la cabeza con tristeza.
    —Sólo el Corso —dijo una vez más—. No veo a nadie, nunca. Nadie se acuerda del Corso. Y ya no me queda ron, desde hace muchísimo tiempo.
    —¿Por qué no bajáis a Ciudad del Puerto, Corso? ¿Por qué vivís aquí solo? —preguntó Vosloora, que dudaba entre compartir su ron con el viejo y no admitir que tenía ron para compartir.
    Aunque, por algún motivo, el deseo de compartirlo era más fuerte.
    —No tengo fuerzas para hacer el camino hasta la playa —se lamentó el anciano—. Ellos no se acuerdan del pobre Corso. No le traen ron ni alimentos, y no vendrán a enterrarle cuando muera, viejo y solo y olvidado.
    —Yo traigo un barril de ron —dijo Vosloora, y hasta él se sorprendió de su ofrecimiento, pero no pudo evitar seguir hablando—. Si queréis, puedo compartirlo con vos.
    Los ojos apagados del anciano se abrieron mucho.
    —Eres un enviado de los dioses, grumete —exclamó, contento—. Ven a mi casa y beberemos juntos."

12 comentarios:

  1. Mucho mejor, Bea :D Al menos nos has quitado la intriga por saber si la aparición era buena o mala o qué. Aunque no te negaré que se me ha hecho corto jajajaja
    Bueno, espero con ansias la continuación, querida dragona.
    Un beso!

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    1. Gracias, espíritu afín.
      El próximo capítulo es un poco más largo, y te mostraré qué es en realidad el Corso. Espero que lo disfrutes.
      Besos, tesoro 8)

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  2. Pues yo me he quedado con la intriga... ¿Qué van a hacer? ¿Será bueno o malo el Corso? ¡Ufff! Bea, necesito más por favor. ¡Ah! ¡Me ha encantado! ¡Un beso!

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    1. Gracias, Pat!
      ¿Será bueno o malo el Corso? ¿Es bueno o malo Vosloora?
      A veces, es difícil etiquetar a una persona por sus actos. ¿Es malo alguien que te hace daño porque tiene miedo y no se da cuenta de que te está haciendo daño?
      Me alegra que te haya encantado. Tendrás más, prometido.
      Besos 8)

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  3. Prometí que iba a comentar y cumplo. El relato anterior me gustó mucho, y la continuación aún más. Todos tus relatos tienen su moraleja, un trasfondo que merece la pena descifrar. Todo ser tiene dos caras: bien y mal, luz y oscuridad, y una no puede vivir sin la otra se complementan. Depende del entorno la que mostramos, definitivamente prefiero la luz, el poder Blanco, pero no hay que tenerle miedo a la oscuridad cuando se muestra o la encontramos, sino saber enfrentarla.
    Perfectos, no esperaba menos!

    Un besote, mi niña!!!

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    1. Exacto, hermanita. Somos las dos cosas, y debemos encontrar el equilibrio si queremos vivir en paz. aunque yo también prefiero la Luz, qué duda cabe!!
      Besos, cariño, y gracias por comentar, me haces muy feliz.

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  4. siempre queremos mas prima de mis amores

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    1. pero siempre quiero que me lo digáis, prima de mi corazón 8)

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  5. Y ya estoy aquí otra vez, feliz de ver mi deseo cumplido, de ver otro trocito de Thèramon para devorar. Mmmmm... Pero ¡¡¡echo de menos tus relatos extra laaaaaaaaaaargos!!! No, no, tranquila; no te presiono. Bueno... sí, un poquito. Pero es que este relato es muy jugoso y nos deja, como bien dice Pat, con mucha intriga. Últimamente, nos los sirves a cuenta gotas, jajaja. Pero nos los sirves, que es lo verdaderamente importante. Tanto como que nos recuerdes que no debemos perder la fe en nosotros mismos ni el optimismo que nos ayuda a encarar el nuevo día con renovadas fuerzas. Sigue así, mi niña. Y no olvides que... queremos más. Feliz miércoles.

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    1. Jules, tú siempre eres bienvenida, tu entusiasmo es lo que me anima a seguir adelante con este sueño en particular, lo sabes.
      Espero que el próximo capítulo te satisfaga, porque es más largo que los dos últimos. Qué quieres, salen así, unos más cortos, otros no tanto...
      Besos, cariño, y gracias por seguir apoyándome.

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  6. Corso ayudará a Vosloora a hacerse con los archivos y el pobre Corso, la espichará en el intento. Esas son mis conjeturas de hoy xd.
    Pero dandole un poco la razón a Julia, últimamente los relatos son muy cortos y hace mucho que no sabemos de Dayna! Un besazoooo, preciosa!!

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    Respuestas
    1. Jajaja, Raquel, tus conjeturas de hoy van bastante erradas... Vosloora es perfectamente capaz de hacerse con el Libro sin ayuda. Pero el Corso le ayudará... ya verás cómo.
      Me encanta que trates de imaginar lo que va a ocurrir. Me inspiras.
      Besos, Karendin preciosa.

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