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diseño de Susana Escarabajal Magaña

miércoles, 20 de junio de 2012

Diosa


No sé si sigues ahí. No sé si sigues viniendo de visita, si esperas llegar un día y ver que hay una nueva entrada, si estás pendiente de la página de facebook para ver si he actualizado el blog. No sé si te siguen interesando mis historias. No sé si estás enfadado o te sientes decepcionado porque he estado demasiado tiempo en silencio, librando mi batalla contra la Oscuridad y buscando el camino de vuelta a Thèramon. No sé si estoy escribiendo para nadie. Pero vuelvo a escribir.

Vuelvo a escribir. Después de un alto en el camino, después de una batalla terrible, larga y dolorosa, después de muchas dudas, muchas lágrimas, muchos pensamientos negativos, después de haber estado a punto de rendirme mil veces y haberme recordado dos mil veces que no está en mi naturaleza rendirme, y haberme levantado, caído, arrastrado y vuelto a levantarme, de haber perdido la fe en mí misma, en mi talento, en mi capacidad para escribir buenas historias que interesen y emocionen, y haber recuperado esa fe y la seguridad en mí misma, después de tanto silencio, de búsqueda interior, de haber perdido una parte de mi corazón, después del vacío, estoy de vuelta.

Llevo días recordando el comienzo de El Libro de los Dioses, y en esos primeros párrafos he encontrado la respuesta que buscaba, y el camino que había perdido. La respuesta no estaba fuera, sino en mí misma, ¡yo misma la había escrito hace tiempo!
Skadûr es muy hábil, sabe confundir bien las mentes de los que dudan. Y yo he sido como el pobre Vosloora durante mucho tiempo. Confundida, extraviada, temerosa. Alejada de la Luz y perdida en las profundidades de Miraphora, la Ventana del Tiempo, buscando lo que vi una vez y no acaba de hacerse realidad. Olvidada de mí misma, de mis sueños, de mi certeza, de mi fe.
Afortunadamente, el Poder del Blanco es más grande, más fuerte, y ese poder vive en mí desde el momento en el que lo abracé y decidí dejarme guiar por él. Ama y cree, ése es mi lema. Y no he dejado de amar, aunque a veces haya perdido la fe. Pero nunca del todo, benditos sean los dioses, nunca la he perdido del todo.

Tengo preparada la continuación del capítulo que te dejé hace meses, sobre dos hermanos que están a punto de emprender una gran aventura. Pero hoy no te dejo ese capítulo, porque no sé si estás ahí, no sé si vas a leerlo, si deseas leerlo. Hoy quiero dejar el comienzo del Origen de Thèramon, los párrafos que me han devuelto al camino que había perdido. Como recordatorio para mí misma. Por si algún día vuelvo a dudar.

“En el principio era el Vacío, y en la inmensidad de la nada infinita existía una Conciencia que soñaba sueños de creación. En su vientre se gestaba una miríada de mundos, y en su mente buscaba un nombre con el que describir a cada uno de ellos. Porque nada puede existir sin un nombre que lo identifique y lo distinga del Vacío. Ella lo sabía bien; no había sido consciente de su propia existencia hasta que su propio nombre fue creado, y el Vacío lo conoció y la reconoció como una entidad independiente de él. Aunque nadie había pronunciado nunca su nombre, porque no había nadie que pudiera hacerlo. Y su soledad y la necesidad de escuchar el sonido de su propio nombre la llevaban a desear que existiera algo más.
Pero estaba sola, y no sabía cómo llevar a cabo sus sueños. Estaba sola, y no podía pedirle ayuda a nadie. Su deseo era grande, también su desconocimiento. El Vacío estaba ahí, esperando a ser llenado, pero no ayudaba ni daba consejos. Imaginaba la existencia de otros como ella, los buscó en el Vacío, no los encontró. Tardó en comprender que, si existían, no podía llamarlos, porque no conocía sus nombres. Trató de imaginárselos, acabó por inventárselos, no se atrevió a pronunciarlos en voz alta. Se animó a susurrar el suyo, a modo de presentación, esperó una respuesta, el Vacío guardó silencio. Se convenció de que estaba sola, lloró, pronunció su propio nombre en voz alta, se lo repitió muchas veces, para convencerse de que era real.
Cuando aceptó que lo era, y que nadie sino ella podría hacer realidad sus sueños, descubrió su propio poder. Comprendió el significado de su nombre. Y dio a luz a su creación.
Entonces, los mundos que se habían estado gestando en su vientre llenaron el Vacío, y eran tan reales como ella misma, y estaban vivos. Y ella volvió a pronunciar su nombre en voz alta, para que todos los mundos pudieran reconocerla. Tiere, la que dio a luz al universo, así se presentó ante ellos. Y todos los mundos repitieron su nombre, extasiados, y la llamaron diosa, y la llamaron madre. Y la amaron. Y el amor que Tiere sentía por todos ellos, sus hijos, la impulsó a seguir creando. Pues eran muchos los sueños que deseaba hacer realidad.”

Tenía miedo de no poder volver a escribir. ¿Qué puedo ofrecerle al mundo, si lo único que siento es un inmenso vacío? Pero estos párrafos me han recordado dos cosas: que todos los comienzos son difíciles, y que la diosa creadora de mundos estaba sola hasta que se atrevió a usar su poder. Al principio era el Vacío. Siempre es así al principio. Pero llega un momento en el que el vacío se transforma en otra cosa. Con voluntad, con determinación, con fe. El poder de la diosa está en mí, y nadie más que yo puede usarlo para hacer realidad lo que llevo tantos años soñando. Thèramon quiere crecer, bien, pues seré su diosa, lo haré crecer.

“De este modo el Vacío dejó de ser Berindei, la Nada Infinita, y desde ese momento fue llamado Viorel, que en la lengua de los heryshi significa Lleno de Vida”.

Ama y cree.
Ama y crea.

Vuelvo a escribir. Porque escribir es lo que me mantiene viva, a pesar de los largos meses de bloqueo, escribir es lo que más necesito, tanto como el aire para respirar y el amor para recargar mi energía, la espiritual y la creadora.

Una vez te tendí la mano, y la cogiste, y juntos echamos a andar, juntos nos embarcamos en este viaje. Hoy vuelvo a tenderte mi mano, esperando que la cojas y sigas acompañándome. Aunque hoy ya sé que continuaré el viaje a pesar de tener que seguir yo sola. Porque quiero llegar al final del camino, quiero estar ahí cuando llegue el momento y mis sueños se cumplan. Pero también quiero disfrutar del viaje. Sé que no todo van a ser obstáculos y decepciones. Sé que volverá la ilusión, también la risa, y la felicidad. De momento, ha vuelto la esperanza. Con el tiempo, todo llegará.
Amo y creo. Y voy a seguir creyendo. Y voy a seguir creando.

Recuerda: ka es una rueda que gira. Tarde o temprano, lo que se fue regresa. Y lo que el Cosmos unió nadie puede romperlo.

¿Coges mi mano? ¿Me acompañas?  



4 comentarios:

  1. Cariño, tú eres una mujer fuerte y poco a poco conseguirás vencer todos los obstáculos del camino... ¡Ama y cree! ¡Lucha! Las Musas son caprichosas, muchas veces andan esquivas, pero al final siempre vuelven. ¡Así que arriba ese ánimo, fuera lágrimas, adiós mala pata!!! MUAK ¡Tú puedes!!!

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  2. Sabes que siempre tendras mi mano, que siempre tendras esa brujita entre las patas.
    Ama y Cree, mi Bella Dragona.

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  3. Cuenta con ello.TQ
    SARA

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